Caerá el fuego sobre Sodoma

Copywrit




Sodoma pereció bajo el fuego divino porque no fue capaz Abrahán de encontrar un solo justo entre sus habitantes.

Puede que nos suceda lo mismo.

No quedan hombres justos, especialmente en la Política.

Las condenas firmes por corrupción a la práctica totalidad de los partidos políticos existentes en la actualidad —con alguna honrosa excepción—, nos hablan de que no quedan hombres justos. Son los que nos gobiernan desde el Parlamento o desde el Gobierno; pero no son justos, y, lo que es peor, tampoco son honrados. Más bien, parecen organizaciones ideadas para el latrocinio legal, vivir como reyes a costa de los ciudadanos, perpetrar cualquier clase de tropelías con absoluta impunidad y hasta colocar a la sombra de sus intereses personales a allegados, colegas, familias y demás.

Nadie abandona la Política por su propia mano, y los que lo hacen es porque han sido echados a patadas por los electores, a pesar de lo cual ninguno se va desnudito.

Han hecho fortuna.

Van a ser consejeros de grandes compañías (tal vez de las mismas a las que sirvieron espuriamente cuando estuvieron en el poder).

Van a tener una existencia de regalo.

Y, como guinda que colma el pastel, es posible que pongan a buen recaudo sus haberes, bien sea usando testaferros para ocultar el patrimonio obtenido a trasmano, o bien guardando sus dineros en paraísos fiscales en los que la Hacienda de la patria a la que saquearon no llegue.

PSOE y PP cuentan con numerosas sentencias firmes y un buen número de próceres encarcelados. Y esto no es sino la punta del iceberg. No están todos los que son, pero sí que lo son todos los que están.

Los demás, los que «aún» no han sido encarcelados, están libres solo porque no los han pillado todavía; pero todos son culpables. Los unos por complicidad, porque no se puede saquear el Estado sin que muchos lo sepan, y no hicieron nada por impedirlo, se enriquecieran con ello o no, lo que los convierte en cómplices de facto; y los demás por omisión, porque sabían que los suyos estaban robando (lo sabe todo el mundo, en realidad), y no solo no se quejaron, sino que siguen perteneciendo al mismo partido y votándole.

Trepar en el partido va mucho antes que a honestidad.

Cambian los líderes de cuando en vez, pero el fondo de la cuestión, el latrocinio, sigue siendo el mismo.

No se salva ningún partido prácticamente.

Tal vez, uno.

Ojalá siga siendo honrado cuando llegue al poder.

Los políticos, cuando juran o prometen su cargo, lo hacen con el compromiso de defender las leyes y la Constitución.

Pero son juramentos o promesas falsas.

O, de otro modo, no habría el latrocinio que hay.

Ni la cantidad de asesores innecesarios que hay

Ni la cantidad de empresas estatales inútiles que hay.

Ni la cantidad de parlamentos inútiles que nos abruman.

Ni tendrían estos políticos la cantidad de ventajas de todo tipo que tienen.

Llegar a la Política, hoy, es una cuestión de vividores, de personas que quieren ser servidos por la masa ciudadana, vivir del cuento a costa de los demás y darse mucho viso.

Ya hemos comprobado que no hay que ser nada para ostentar acta como diputado, director general, alcalde, concejal, senador e incluso ministro o presidente. No hay requerimientos, ni siquiera se exige una formación determinada, ni conocer las leyes, ni hablar correctamente el idioma o estar psicológicamente sano. Se puede ser un loco o un narcisista, un desequilibrado, un analfabeto, un pillo y hasta no haber trabajado en su vida, tal y como sucede con un número importantísimo de sus excelencias y sus señorías. Incluso se puede odiar al país al que teóricamente van a servir y/o representar.

Aquí, vale todo.

Es cosa de la modernidad.

Es cosa del buenismo.

En un visto y no visto, puede una tendera (profesión honrada donde las haya) o un dependiente al que han echado de su empleo por vago (si es que no por otras razones) convertirse en ministro e incluso en presidente de la nación. Aunque nadie haya votado a esas personas para eso.

Ni siquiera tienen que ganar las elecciones.

Está el truco de las alianzas. Ese, mediante el cual, quienes han perdido, terminan ganando y quedándose con el poder, de tal manera que los enemigos de la nación, los que la odian y quieren destruir lo que hemos construido entre todos durante siglos, son los que mandan.

Caerá el fuego sobre Sodoma.

No queda un solo justo.

Pero no son solo ellos, los de los partidos políticos; igual de cómplices son quienes los votan.

Mi ya desaparecido amigo Rafael Amor, tenía una canción muy oportuna: «No me llames extranjero». Pero no traigo esto a cuento de los inmigrantes, sino de esa parte de la canción que habla de las causas por las que muchos se ven obligados a marcharse de su país y a buscar nuevos horizontes.

Concretamente, a esa que dice:

«No, no me llames extranjero, traemos el mismo grito, el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras, antes que vinieran ellos, los que dividen y matan, los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños, ellos son los que inventaron esta palabra: extranjero.»

Es decir, nuestros políticos: todos ellos.

Ellos son los que nos dividen (con su cerrazón de darle vueltas a la Guerra Civil) y matan (con los encierros ilegales por pandemias inexistentes), los que roban (cada día), los que mienten (cada vez que abren la boca) y los que venden nuestros sueños (nos han robado la fe, como nos han robado el país y el futuro).

Son ellos, están aquí.

Esto es Sodoma.

Se han travestido de buenismo para distraer mientras saquean, y ponen en marcha lenguajes políticamente correctos, hacen sonar las alarmas de llamada a todos los parias de la tierra mientras arrinconan a los españoles en su propio país, y hasta dan subvencionas generosísimas a los recién llegados mientras buena parte de los jubilados españoles tienen pensiones de mucho menos de la mitad de esas subvenciones después de haber trabajado toda su vida para construir España, y casi el 40% de los españoles tiene serios problemas para llegar a fin de mes trabajando de sol a sol, si es que más de 25% de los españoles están dentro de los márgenes de la más brutal pobreza.

Pero no hay becas para los españoles.

No hay ayudas para los españoles.

No hay pensiones para los españoles.

Los españoles tendrán que trabajar hasta los setenta años para cobrar una pensión ridícula, si es que han cotizado al menos 40 años.

Los extranjeros, no. Ellos no tienen que trabajar. Ellos tienen pensiones, subvenciones, generosas ayudas…

Los extranjeros tienen derechos, los criminales tienen derechos, los animales tienen derechos: los españoles, no.

Nadie podrá impedir que llueva fuego del cielo.

No quedan hombres justos.

Por eso caerá el fuego sobre Sodoma.

Si quedara un juez justo, encarcelaría a esta tropa de pillos que se dicen políticos.

Si quedara un fiscal justo, actuaría de oficio contra esta turba de maleantes.

Si quedara un militante de algún partido justo, rompería en mil pedazos su carné.

Si quedara un adulto justo, jamás votaría a esta chusma que se dicen políticos.

Si quedara un padre o una madre justos, no permitirían que adoctrinen tan perversamente a sus hijos en las televisiones y en las escuelas.

Si quedara un solo justo, no tendríamos el país que tenemos.

Por eso lloverá fuego del cielo.

Y no habrá un Dios que salve a Sodoma de la quema.

Envía tu comentario

©  Reservados todos los derechos. 
, Aviso legal, Términos de Venta, Política de Privacidad y Protección de Datos, Política de Cookies