AUTOR

ÁNGEL RUIZ CEDIEL

escritor

Nacido en Madrid en 1955, visionario, rebelde y con una desmedida avidez por aprender y comprender cuanto le rodea. Su carácter inconformista puede ser rastreado desde sus primeros años. Con tan solo cuatro, se enfrenta contra la imposición de llevar uniforme en el colegio en que sus padres le inscriben, consiguiendo ser, gracias a su obstinación, el único alumno que no lo usa, así como en ese mismo curso de primaria se subleva contra la pobreza que fuerza a muchos compañeros a no disponer de los lápices o cuadernos necesarios, ingeniándoselas en su inocencia para obtenerlos y repartirlos a costa de falsificar —con su propia letra que le delata— los vales de la misma librería del colegio. Naturalmente es expulsado del colegio, y también lo será de otro centro salesiano, a los 16 años, como consecuencia de una protesta que encabeza para que los actos religiosos, por ser de fe, no sean obligatorios.

Esta actitud de firmeza y astucia ante la autoridad, define su posición ante la vida y su modo de ver el mundo; atributos que le acompañan hasta el día de hoy.

En el plano literario da sus primeros pasos en la poesía y el cuento, ganándose en su entorno un respeto por parte de quienes le rodean que le distingue así en el colegio como en el barrio e incluso en su propia familia, llegando su madre a comprarle a plazos su primera máquina de escribir a la temprana edad de nueve años.

Mientras los chicos de su edad se plantean qué quieren ser de mayores, él ya tiene claro que es escritor. Tampoco ignora que para edificar una sociedad mejor es preciso formarse, dominar distintas disciplinas, tener fundamentos sólidos para argumentar sus propuestas literarias y ser original para granjearse su propio espacio.

Escribe con regularidad, lee vorazmente, participa en cuanta revuelta se verifica exigiendo el regreso a la democracia, se casa, se instruye (inicia estudios de Ingeniería Aeronáutica), juega baloncesto y aspira a lo más alto dentro del mundo laboral para cambiar la sociedad desde arriba.

Con tan solo treinta años dirige una de las primeras multinacionales españolas, donde constata con desánimo que la transformación que propone es mucho más difícil de lo que imaginaba: la resistencia no viene sólo del sistema, sino también de los mismos individuos que se beneficiarán de ella. La inercia al cambio no puede ser más brutal.

A pesar de su juventud, por entonces ya ha escrito incontables poemas y prosa, así como varias novelas con un estilo profundamente visual («Adán Nada» —una perspectiva entre lo pícaro y lo dramático de la dolorosa España que habita—, «El esplendor de la Miseria» —una novela casi de anticipación de lo que su propia vida será— y «La amarga sombra del verdugo» —su esfuerzo por mostrar la crueldad de que son capaces algunas personas—). Sintiéndose preparado para escribir una obra mayor, emprende la tarea de «Germen de Dios, semilla del Diablo», una novela intensamente planificada que será el primer peldaño de la escalera que le conducirá a un mejor conocimiento del alma humana. Novela esta que recibirá el honor de ser finalista en el Premio La Rama Dorada 1986.

La muerte súbita de un ser cercano la siente como un aviso sobre lo efímero de la existencia y la urgencia de seguir escribiendo.

Escribe en estas fechas «Constitución Deontocrática, esquema para una sociedad alternativa», su propuesta de una estructura social justa, pacífica y equilibrada entre los hombres y el medio que habitan. Desde Thomas Moro nadie se había atrevido a tanto, y nadie podrá decirle ya que se lamenta sin contrapropuesta.

Al mismo tiempo que «Germen de Dios, semilla del diablo» es finalista por segunda vez, ahora en el Premio Azorín de Novela 1996, decide abandonar el mundo laboral ordinario e idea un modelo de trabajo, haciendo gala de su creatividad, que le permite una digna supervivencia y poder organizarse en su genuina vocación literaria. Crea su empresa, la cual le faculta para viajar por el mundo y ampliar su conocimiento de otras culturas.

Sucesivamente, nacen la segunda parte de esa novela con «Zita, una flor en el Infierno» —finalista del Premio Planeta 1999—, «Carne» —finalista de los Premios Fernando Lara 2002 y Ateneo de Sevilla 2002—, «Los días de Gilgamesh», «La otra realidad», «Sangre de Lunas» y «El Autor prodigioso», esta última escrita en 2004, en homenaje a las víctimas del 11M.

Decide estudiar Historia para confrontar de manera más erudita la realidad oficial, verificando por sí mismo o absorbiendo en fuentes más controvertidas. Como consecuencia escribe «Sangre Azul (El Club)», novela con la que pretende poner ante los ojos de los lectores cómo el sistema imperante —sean dictaduras o democracias— ha transformando a las ciudadanías como si de un juego del poder se tratara.

En esta etapa, ya con la experiencia y aprendizaje que proporciona haber escrito novelas de distintos géneros, con la formación oficial suficiente y con la no-oficial bastante como para saber con certeza que lo aparente y lo real nada tienen en común, emprende la más importante de sus edades de autor. Ya no es un joven escritor que apunta maneras, sino un autor que ha madurado larga y profundamente mientras trabaja, vive intensamente y aprende, pudiendo ofrecer a sus lectores obras dotadas de una visión tan particular como perturbadora de la sociedad que habita.

Sus tres últimas novelas, referentes del género conspiranoico, así lo testifican: «Lemniscata» —finalista del Premio Planeta 2008—, que versa sobre la conspiración del poder y su herramienta del pánico del terrorismo para ejercitar el control social; «Apolyon», que se ocupa de la llegada de Nibiru al entorno de la Tierra; y «La estirpe de Abaddona», que trata sobre el verdadero sentido de la condición humana.

Actualmente está trabajando con intensidad en una obra que trata el orden de las relaciones amorosas actuales y de la virtualidad que nos invade. Como es su costumbre, siempre lo hará con la certeza de meter los dedos en la llaga de la naturaleza humana, sabiendo que los verdaderos escritores nunca alcanzan sus objetivos, sino que viven, al igual que los filósofos, haciéndose preguntas.

1986 finalista premio la rama dorada1986 finalista premio la rama dorada1999 finalista premio planeta de novela2002 finalista premio ateneo de sevilla2002 finalista premio fernando lara de novela2008 finalista premio planeta de novela