Fáciles remedios para difíciles problemas El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

18 de enero de 2017, por Ángel Ruiz Cediel

Fáciles remedios para difíciles problemas



Cuando se aplican las mismas fórmulas a los mismos problemas, los resultados no pueden ser distintos a los que ya se obtuvieron en anteriores ocasiones. Esto si se aplica alguna fórmula, claro, porque en Política, para solucionar los problemas sociales no suele aplicarse ninguna más allá de subir los impuestos. Y en esas estamos. Después de buena parte del 2016 sin Gobierno —gracias a Dios Bendito por ello— volvemos a las andadas, y como siempre, nunca para bien, aunque ahora con algunas caras nuevas que en breve serán también viejos conocidos de ese pelotón de inútiles que nos saquea desde la capital de Política, Manguncia. Suelen afirmar los necios de la Política de quienes somos críticos con ellos, que solamente destruimos sin aportar nada, a menudo tildándonos de envidiosos, antisistemas o resentidos, y amparándose con simplezas semejantes prosiguen adelante con su locura legisladora, sirviendo siempre enajenadamente los intereses espurios de las grandes compañías, de los poderes en la sombra que han comprado sus almas o, en el mejor de los casos, apalancándose en el poder para darse la gran vida y, si es posible, embolsarse algunos dinerillos del Erario. Sobran ejemplos. Sin embargo, esto no es así, ni mucho menos, y en este artículo daré algunas recetas que solucionan grandes y serios problemas sociales sin que por ello sea necesario subir los impuestos, para que estos necios no puedan argüir que los críticos solamente destruimos sin aportar nada. Tomen buena nota, porque aplicándolas se puede bajar, y mucho, la presión contributiva.

EL DESEMPLEO: Parece ser que éste es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, por más que sea, en sociedades organizadas, el que más fácil solución tiene: basta con emplear a los desempleados. ¿Cómo?..., pues siendo suficiente con que las empresas que han obtenido grandes beneficios tengan la obligación de contratar la cantidad de desempleados que les corresponda. ¿De qué manera se puede establecer quién y cuántos desempleados debe contratar?... Fácil: basta con establecer un módulo sumando todos los beneficios netos obtenidos en el curso del ejercicio en el conjunto de la actividad privada y dividirlo entre el número de parados existente por diez (por ejemplo), de modo que aún con la inversión que supondrá las nuevas contrataciones para las empresas todavía les quede al menos un 90% de rentabilidad neta. Después de esto, bastará con que cada empresa divida el volumen de sus beneficios netos entre el módulo obtenido y contrate el número resultante de desempleados. El desempleo, así, está solucionado en un sólo un año y para siempre, porque es previsible que en los siguientes ejercicios el número de desempleados será testimonial. Pero, y sobre todo, las empresas que obtienen sus beneficios en el país revierten una ínfima parte de éstos (sin pérdidas) en el bienestar del propio país, contribuyendo de este modo a la justicia y estabilidad social. Esto, naturalmente, siempre que se considere que el país es de y para los ciudadanos del país, cosa que dudo mucho que así sea. Se trata, en todo caso, de una acción sencilla, fácil, viable y muy rentable, y produce como consecuencia una desaparición inmediata de la pobreza, la marginación y la división social. ¿Inconvenientes?... Ninguno, salvo que las empresas se rigen por el to' pa' mí. Pero en fin, la solución está ahí: más trabajadores, menos gasto en desempleo, menos impuestos.

EL TRÁFICO: Los atascos se producen porque hay mayor flujo de vehículos de los que puede absorber una vía, con el daño añadido de que contaminan enormemente y degeneran con la polución que producen tanto el medio ambiente como la salud de los ciudadanos. Una lacra, sin duda, pero de la que se beneficia ostensiblemente el Gobierno y los políticos, pues que de esos daños incuantificables obtienen una ingente cantidad de recursos directos a través de los impuestos a los combustibles, e indirectos a través de los sobornos que obtienen de las compañías petrolíferas —insensibles hasta el extremo de mover a sus Gobiernos para producir guerras como las de Irak o Siria, por ejemplo—. Pero es que, además, los ciudadanos deben pagar por esta causa con un promedio de dos o más horas de su vida cada día, que es el tiempo que pasan en sus automóviles o en los vehículos públicos para ir y volver de sus centros de trabajo. Parece absurdo, pero es excesivamente frecuente que los trabajadores tengan que desplazarse decenas o centenas de kilómetros para acudir a sus puestos de trabajo, dándose la paradoja de que cada día los que trabajan en un extremo de una provincia residan en la otra punta y los de aquélla en ésta, cruzándose todos cada día al menos dos veces: la ida y la vuelta. Y tanto más absurdo es, cuando esos trabajadores no son imprescindibles por sus habilidades profesionales en aquellas empresas concretas, pudiendo desempeñar su labor perfectamente en cualquier de las empresas de su propia localidad. ¿Cómo resolver esto?... Fácil: que cada empresa solamente pueda contratar personal en la localidad en la que está radicada. Es cierto que en ocasiones ciertos puestos muy específicos tengan que ocuparse con profesionales llegados de otra localidad próxima —al menos provisionalmente hasta que se le proporcionara una vivienda adecuada al contratado (parte del salario por ese puesto tan especial)—, pero no es la regla para la inmensa mayoría de los empleados de cualquier empresa. No es solamente algo loco, sino también un suceso insoportable para el medio o la economía, cuyo hecho solamente se lo puede justificar por el interés espurio de los políticos y su sometimiento a los intereses de esas multinacionales de los combustibles fósiles, que es decir a su corrupción y a su supino desprecio a los ciudadanos a los que teóricamente representan. Por otra parte, de imponerse que las empresas solamente pudieran contratar a personal de la localidad en que están radicadas no solamente se solucionarían los problemas del tráfico y la polución, sino que además se obtendría un importantísimo abaratamiento en el mantenimiento de las vías públicas y una disminución notable del gasto público en transportes, atenuándose en esta misma proporción la necesidad de recursos del Estado, pudiéndose bajar con la aplicación de esta norma los impuestos.

LOS IMPUESTOS: La necesidad del Estado de imponer tasas contributivas a la ciudadanía está determinada por el nivel de gastos del mismo Estado. Una máquina de dilapidar que ha elevado su deuda a niveles absolutamente inasumibles, dejando bien patente dos cuestiones básicas: la locura de los gobernantes y políticos que lo han permitido —es decir, todos—, y su incapacidad para gestionar con eficacia un Estado, dando más la impresión de que se han dedicado a derrochar lo de todos en beneficio de terceros, y eso es algo que a estas alturas está fuera de toda duda. Por lo pronto, España es el país con más políticos del mundo, de modo que, por ejemplo, si tuviéramos el mismo número de políticos por cantidad de población que Alemania —por tomar como referencia un país próspero y bien organizado—, en España no debería haber en total entre políticos, altos cargos y demás, más de 58000 personas dedicadas a estos fines, y no los 400000 que actualmente saquean impunemente el Estado. Ya se puede suponer, cobrando lo que cobran estos vivales y costándonos lo que nos cuestan en dietas, extras, prebendas y otras manguncias, lo que supone mantener a 342000 parásitos de más, pues que, como se ve con Alemania, puede funcionarse estupendamente sin esta cohorte de inútiles cargos. Todo esto, por supuesto, sin considerar las prebendas durante el ejercicio de sus labores —si es que las tienen— y hasta las jubilaciones y los beneficios que llevan aparejadas en el después de su retirada (puestos en empresas fetén aparte, como aparte son los despachos y personal de protección y servicio que se regalan junto con algunas jubilaciones). Y si a todo este desmadre les añadimos la contención y hasta detención de las inversiones desastrosas, tales como todas las que se han hecho hasta ahora sin que hayan supuesto ni una sola penalización, enjuiciamiento y hasta encarcelamiento de quienes lo hicieron a pesar de haber dilapidado miles de millones en obras absurdas, sobredimensionadas o directamente obsoletas quién sabe si por las «mordidas», podríamos decir que junto con las medidas anteriores propuestas en este artículo, el Estado podría bajar los impuestos alrededor de un 66 al 70%.

Como queda a la vista, se trata de tres soluciones prácticas y de fácil implantación que solucionarían tres de los problemas más importantes que tenemos en España, pero que pueden estar seguros de que jamás implantarán porque en ello les va mucho más que el cargo a toda esa troupè que supuestamente nos representa. Hay muchos más capítulos bochornosamente inmorales que son enormes problemas para los ciudadanos, por supuesto, aunque con parecidas fórmulas pueden ser solucionados. Aquí, al fin y al cabo, he incluido estos tres capítulos que claman al cielo por los daños que producen al conjunto de la sociedad y por la sencilla solución que tienen, si es que hubiera voluntad política y los tales gobernaran para los ciudadanos. Naturalmente, a esos políticos que se lamentan tan amargamente de quienes somos críticos con ellos, ni siquiera se les ha ocurrido nada semejante, simplemente porque nadie tira piedras contra su propio tejado. Como hemos podido comprobar, mejor funciona España sin ellos que cuando están todos liándola en sus puestos, que nada hay más peligroso en cualquier organización que un idiota con iniciativa, y de ésos andamos sobrados. Lo que mejor que nos puede pasar, en fin, es que se estén quietos. «Virgencita, que me quede como estoy», ya conocen el chiste.

Y como guinda que corona el pastel de este artículo, dejo para el cuarto y último lugar (como el cuarto jinete del Apocalipsis) el tal vez más importante de los capítulos en los que puede y debe hacerse algo rápido: LA CORRUPCIÓN. De todos, quizás, éste es el mayor de los agujeros negros que tiene nuestra doliente España; pero es así porque, como dijo aquel presidente de tribunal, la ley en España está hecha para los gobernados. Dicho en otras palabras: los supuestos representantes del pueblo legislan contra el pueblo..., y ya se pueden imaginar a favor de quiénes. Más clarito, el agua. Nada extraño, si consideramos, además, que en España no tienen estos grandes pillos que devolver lo robado, de modo que aunque llegaran a condenar a un chori de la política por un desfalco de miles de millones y tuviera que ir a la cárcel unos añitos, al salir seguiría siendo rico, si es que no le pillaron el objeto de tu latrocinio antes del juicio, como muy ostensiblemente hemos visto en muchos y muy reiterados casos. Pues bien, esta corrupción es fácil de ser eliminada, bastando para ello con que Hacienda confronte los bienes de cada cual con los ingresos declarados, y penalice a quienes no puedan justificarlos con diez veces el monto de su «descubierto», eso sí, sin fecha de vencimiento. A quienes se corrompieran en virtud de su cargo o usando sus influencias en o con la Administración, bastaría por expropiarles todos sus bienes de por vida a ellos y a sus empresas, regalándoles en contrapartida una indefinida temporada en una cárcel adecuada a su delito de traición. Resulta particularmente paradójico que si uno tiene una deuda con la Seguridad Social, por ejemplo, no prescriba nunca, pero que los choris puedan quedarse ya blanqueado el dinero que no les han pillado si llegaran a detenerles, aún llegando a ser considerados culpables. ¿Quién hace estas leyes espurias?... Bueno, en la respuesta está la clave. Después de todo, los políticos seguro que no tienen deudas con la Seguridad Social.

No es extraño, pues, que cuando los políticos se retiran no tengan suficiente con las generosas pensiones y prebendas que les va a facilitar el Estado de por vida, razón por la cual es preciso que sean acogidos como consejeros por la Banca o las multinacionales a las que prestaron servicios durante sus mandatos, y, por si fuera poco, con salarios astronómicos por no hacer nada. Roma, en este caso, sí paga y muy bien a los traidores. Y así nos va, claro; pero soluciones hay. Si no se aplican, ya saben a qué maestro armero quejarse.

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05