BLOG  /  Rompiendo moldes   /  Ideas

Ideas Rompiendo moldes

A veces me pregunto qué soy, para qué vengo o adónde voy, y no siempre tengo la respuesta. La apuesta del hombre se libra en el territorio de la incertidumbre, ese en el que nada es real hasta que el futuro se hace presente y en el que solamente el pasado hace escuela. En la vida, rara vez hay una deriva que conduzca con certeza a cualquier puerto, porque basta una marea de casualidad o un viento de gracia o desgracia para que el rumbo varíe y la existencia derive a cualquier otro continente; tampoco se entiende qué razón profunda concedió dimensión a mi cuerpo y esencia a mi alma, si fue nada más que la casualidad o la panspermia lo que me concedió el latido con un propósito que se me escapa; pero es que sé que tampoco seré lo que seré hasta que me extinga y se borren todos mis probables futuros por imposibles y sea pasado mi último presente. Solamente entonces podré dar sentido a mis días y saber si tuvo algún sentido latir, si fui una pieza minúscula pero imprescindible del gigantesco eterno plan de un Dios incomprensible o si nada más que un accidente natural de un incognoscible universo.

Lato, y cada día me debato entre mil decisiones transcendentes o insignificantes, pero cada una de las cuales podría variar no solamente el sentido de mi vida sino también las de quienes me rodean. Mi vida depende de mis semejantes y la suya de la mía, en un entramado tan complejo e interferido que el hombre tuvo que adaptar el lenguaje e inventar palabras que pusieran nombre a lo indefinible o a lo que ignora cómo procesar, como el azar o la casualidad, o adverbios de modo que reflejaran la perentoriedad de lo vital, como tal vez, acaso o quizás. Nada es definitivamente para siempre hasta que concluye el juego y se rinde el último aliento. En cualquier momento el amor puede sorprender al ególatra y la alegría turbar al triste, las lágrimas asaltar al feliz y la miseria al rico, o la luz bloquearse para unos ojos y la estupidez diluir la preclara mente del genio. Nada de cuanto no es todavía es seguro, sino como mucho probable; nada de cuanto no se ha verificado es cierto, sino como mucho posible; y nada de cuanto no ha ocurrido es culpable o inocente, sino como mucho propenso. La mano del criminal puede arrepentirse el segundo previo a asestar el golpe fatal, y la del inocente apagar una vida por accidente o venialidad. Nada es completamente verdad ni nada totalmente mentira en este orden de lo relativo de la vida, a no ser unas cuantas constantes de números infinitos que regulan el orden dentro de ese otro orden incomprendido del caos. Caos e incertidumbre, este es el territorio del hombre.

¿Qué sentido tiene pues saber qué soy, para qué vengo o adónde voy, si a cada instante me edifico y me desmonto, camino y desando y me elevo y caigo?… ¿Qué, en un universo sin norte conocido, está arriba o abajo, es bueno o es malo o es correcto o está equivocado?… ¿Y qué, en el ámbito incomprensible en que nos movemos, puede ser considerado moralmente adecuado o en conciencia perverso?… ¿Acaso la muerte de algo no es simiente siempre nueva vida en un ciclo eterno, o quizás la vida no emplea para sostenerse la supresión de otras vidas?… ¿Qué vida vale más, quién lo decide?… La supervivencia, según se dice, dio origen a la inteligencia, y por ella aprendimos, al tiempo que matábamos con mayor eficacia, a usar el tenedor, por ejemplo, y a escribir para poder contar lo que poseemos o no olvidar cuanto aprendemos. Pero ¿y el arte, en tal caso, de dónde viene si no es preciso para la supervivencia?… ¿De dónde la poesía, la música o la danza, o esa admiración que suscita en el alma enfrentarse a la belleza?… ¿Es acaso por la inteligencia?… ¿Y qué es la inteligencia?… ¿Cuántas neuronas y en qué disposición la crean?… El elefante, verbigracia, tiene mayor número de ellas que el hombre y, sin embargo, no se estremece como este ante el arte ni dispone de más moral que su propio instinto, que a su vez es otro laberinto que tampoco comprendemos. ¿Quién puso algo tan inteligente en la cabeza del bruto para que lo gobernara y en cada momento le indicara qué le convenía y qué le perjudicaba?… ¿Puede acaso brotar una estructura tan compleja, brillante y automática espontáneamente de la nada, o ha de ser algo o Alguien forzosamente inteligente el que puede transmitir parte de esa capacidad propia en forma tan minuciosa?… Aquí está la cosa: ¿qué o quién?…

La Historia de la humanidad es, más que la de la guerra o la ambición, la de la simple evolución de las ideas. Vistas desde cierta amplia perspectiva, son las puertas de entrada o salida a según qué paraísos o qué infiernos. Por su aliento inconsútil los hombres vivieron, sufrieron y hasta murieron, por ellas se han atravesado mares y desiertos, se han elevado dioses y caído gobiernos, se ha amado, odiado, sangrado y muerto. Las ideas, al fin, son el tabique último que separa al hombre de su origen verdadero, el centro de todas las cosas posibles en nuestro universo y el combustible que alimenta y mueve civilizaciones y genios. Ellas dictan la moral de cada cultura y cada tiempo, ellas establecen lo adecuado y lo incorrecto, ellas empujan a la animalidad o al progreso y orientan hacia el alma o al cuerpo. Pero, ¿y qué son las ideas sino un suma y sigue de infinitos esfuerzos minúsculos de seres ínfimos que no sabían qué eran ni para qué vinieron ni adónde iban?… Y en tal caso, ¿cuál es mi puesto?… Miro hacia atrás para comprenderlo y entiendo, no sin esfuerzo, que los pretéritos son escasas ideas sucumbieron bajo el peso de su nada y que solamente sobrevivieron aquéllos que supieron evolucionarlas, no importa si con errores o con aciertos, porque es en el movimiento donde a su vez se esconde la vida. Lo que está quieto, está muerto. Ideas y movimiento: he aquí qué somos, para qué vinimos y adónde nos dirigimos. Poco se mueve el niño cuando nace, incrementa su actividad en la juventud y detiene su pulso con los años hasta que su total quietud anuncia su muerte. Es una suerte, se vea como se vea, poderse contemplar en semejante espejo y entender que lo mismo se repite en todas partes al mismo tiempo, en un maravilloso juego de fractales armónicos como un concierto.

El día y la noche se alternan, el calor y el frío se suceden y la vida y la muerte forman también su ciclo. Todo es cíclico, todo rítmico, todo armónico: todo es movimiento, todo idea, todo eterno. Todo tiene su contrario que lo completa,  no hay cuerpo que reciba luz y no proyecte sombra, y cuanta más luz se recibe, más sombra proyecta. La verdad no es difusa sino concreta, no divaga, no escasea ni se esconde, sino que se muestra aquí y allá, en todas partes y al mismo tiempo. ¿Qué soy, para qué vengo y adónde me dirijo?… A la vida, que es decir a la idea y al movimiento en un ciclo infinito. Esto soy y, pues que soy esto, con mi ideas alimento la rueda de la existencia, eje de la vida y el movimiento.

 

Publica un comentario

PROTECCIÓN DE DATOS: De conformidad con lo dispuesto en las normativas vigentes en protección de datos personales, el Reglamento (UE) 2016/679 de 27 de abril de 2016 (GDPR) y la Ley Orgánica (ES) 15/1999 de 13 de diciembre (LOPD), le informamos que los datos personales y dirección de correo electrónico, recabados del propio interesado o de fuentes públicas, serán tratados bajo la responsabilidad de ÁNGEL RUIZ CEDIEL para el envío de comunicaciones sobre nuestros productos, y se conservarán mientras exista un interés mutuo para ello. Los datos no serán comunicados a terceros, salvo obligación legal. Le informamos que puede ejercer los derechos de acceso, rectificación, portabilidad y supresión de sus datos y los de limitación y oposición a su tratamiento enviando un mensaje al correo electrónico a la dirección: arc@angelruizcediel.es