BLOG  /  Artículo   /  Un planeta que se muere

Un planeta que se muere Artículo

Habitamos un mundo que agoniza. El progreso lo está matando. Más de siete mil millones de almas se concentran, por imposición del Sistema, en querer acopiar más, en consumir más, en ir más lejos, en estar más cómodos y en disponer de más recursos. Un ansia ilimitada en un planeta limitado que está haciendo saltar por los aires las costuras del medio que nos sostiene. Tener hijos en este contexto, es un hecho de una irresponsabilidad terrible porque es condenarlos de antemano a un sufrimiento inenarrable.

Yubal Noah nombra en su Homo Deus a más de cinco mil millones de personas como «la generación inútil.» Es una acción peligrosa afirmar tan ilustradamente algo semejante —y tanto más siendo historiador— en una civilización en la que siempre andamos sobrados de genocidas y tiranos. Es posible que, acogiéndose a tales evidencias, más pronto que tarde surja un Hitler o un Stalin dispuesto a remediar tan enorme daño. Tal vez elimine por su piedad de carnicero a los cuatro mil millones de nosotros que languidecen de hambre y necesidad en las cuatro esquinas de la Tierra, o quién sabe si también a los mayores de una edad que se halle algunas cifras por encima de la suya. Nunca le faltarán verdugos a esta especie que parece condenada a engendrarlos.

Sin embargo, que el planeta muere es un hecho incuestionable. Aunque no nos podemos fiar demasiado de los llamados estudios climáticos, la mayoría de ellos financiados por intereses espurios para que estos proclamen las verdades que los convienen según sus negocios, lo cierto es que los signos de extenuación mediambiental ya no pueden ser pasados por alto. En todo el ámbito de la Tierra los mares y los océanos se mueren, el aire es prácticamente irrespirable, el plástico y los desechos industriales nos envenenan y la carencia de agua potable en unos pocos años será una cuestión de vida o muerte que generará cruentas guerras. La ONU asevera que ciento cincuenta especies se extinguen por día rendidas por el «avance» del progreso, y ya prácticamente no consumimos ninguna clase de animales que no estén contaminados por transgenia o por medicamentosis. Tan grave es la situación que hoy, lamentablemente, sabemos dónde está un río por el hedor que desprende, ya no quedan santuarios naturales que no hayan sido arrasados por hordas de turistas y las temperaturas se han disparado poniéndonos a todos los terrícolas en el punto de mira de una extinción masiva. Pero no es solo aquí, sino en todo el mundo, y no es para dentro de cien o mil años, sino que está sucediendo ahora mismo.

Todos quieren ir a todas partes, pero la naturaleza no lo soporta. En cada tictac hay más de once mil aviones en el aire. Algunos viajeros quieren conocer otros allendes aunque todo lo desconozcan de sus aquendes; otros, viajan para ofrecer mil productos y maravillas a quienes, ya con las hambres sofocadas, quieren saborear o consumir otras delicias; y los demás, para reunirse o visitar a los suyos porque emigró a otro país, quién sabe si porque en el suyo ya no le quedaba espacio para vivir tal y como lo deseaba. Pero es que también cada día se movilizan más de diez mil millones de vehículos. En sus coches y en cada ciudad del mundo, casi todos los ciudadanos se cruzan con casi todos los ciudadanos camino de su trabajo porque casi nadie se desempeña donde vive. Los Estados viven de eso, y de esa contaminación insoportable y de esos tiempos inútiles obtienen pingües beneficios. Esto supone la mayor parte de la contaminación que nos asfixia, la necesidad del trazado de innumerables carreteras que siempre son insuficientes y una pérdida de vidas que es a todas luces absurda. Hay soluciones, pero no quieren aplicarse.

Entretanto, debido a la codicia de los hombres y de los Estados el mundo se muere: lo hacen sus aguas, desparecen engullidas por el progreso sus selvas y sus hielos, lo hacen las especies y pronto lo haremos nosotros sea o no con una guerra inventada que elimine a esos cinco mil millones de seres de «la generación inútil» que nombraba Yubal en su obra cumbre de la soberbia humana. Y no faltará un loco que lo lleve a cabo, no por el bien del planeta, sino porque estará alentado por los que ansían sobrevivir a cualquier precio y no quieren mancharse las manos de sangre inocente Me temo que la inmensa mayoría, entonces, estaremos en esa lista de seres prescindibles.

La especie humana, es la más estúpida del planeta: la única empeñada en cavar su propia tumba.

Publica un comentario

PROTECCIÓN DE DATOS: De conformidad con lo dispuesto en las normativas vigentes en protección de datos personales, el Reglamento (UE) 2016/679 de 27 de abril de 2016 (GDPR) y la Ley Orgánica (ES) 15/1999 de 13 de diciembre (LOPD), le informamos que los datos personales y dirección de correo electrónico, recabados del propio interesado o de fuentes públicas, serán tratados bajo la responsabilidad de ÁNGEL RUIZ CEDIEL para el envío de comunicaciones sobre nuestros productos, y se conservarán mientras exista un interés mutuo para ello. Los datos no serán comunicados a terceros, salvo obligación legal. Le informamos que puede ejercer los derechos de acceso, rectificación, portabilidad y supresión de sus datos y los de limitación y oposición a su tratamiento enviando un mensaje al correo electrónico a la dirección: arc@angelruizcediel.es