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Historias inventadas Artículo

La Historia oficial la escriben siempre los vencedores. La verdadera Historia, entretanto, por lo común queda relegada a hechos apócrifos difíciles de encontrar porque quienes impusieron la oficial suelen al mismo tiempo decretar leyes para declarar a las verdaderas ilegítimas, ilegales y hasta para perseguir a los autores de aquellas con códigos penales en la mano.

El presidente mexicano, López Obrador, haciéndose eco de la Leyenda Negra que por resentimiento contra su propia nación se inventó el otro López —Antonio López, secretario personal de Felipe II—, le ha pedido a España que se disculpe por las supuestas atrocidades perpetradas durante la Conquista de México hace ya casi seis siglos. Un hecho curioso en varias direcciones, porque si Antonio López se sacó de su traición, dolor y odio la Leyenda negra que magnificó y difundió la adversaria Inglaterra, México ha hecho otro tanto con su propia Historia y López Obrador le ha dado crédito, a pesar de ser un hombre de sangre y apellidos españoles en un país en el que siempre sus dirigentes (todos) han sido de sangre y apellidos españoles. Lo mismo que en el resto del continente, vaya, con la salvedad de Evo Morales.

Para medir la “barbarie” española, les digo siempre a los naturales de aquellas tierras que basta con considerar la proporción de población indígena de sus naciones y compararlas con las de aquellas otras que fueron parte de otros imperios de su tiempo. Por ejemplo, del hermano del norte, EEUU, donde la población indígena fue literalmente exterminada.

Las naciones —todas— para creer en sí mismas necesitan inventarse Historias a la medida. Lo de México no es ni mucho menos original y desde luego no es nuevo. Casi nada de lo que cuentan en sus respectivas naciones que fue, tiene nada que ver con lo que sucedió en realidad. En el caso de México, imposible sería creer siquiera que menos de medio millar de españoles, por fieros que fueran, pudieran enfrentar y derrotar al ejército más potente y cruel de aquel continente —el azteca—, conformado por más de cinco millones de feroces guerreros. Fueron los propios mexicanos —tlaxcaltecas, totonacas y choluleños— los que se sumaron a los españoles y aceptaron a los nuevos señores si estos los libraban de los crudelísimos aztecas y sus Guerras Floridas. Lo hicieron, claro, y, dicho sea de paso, apenas sin más combates relevantes después de la caída azteca en la batalla de Otumba. Léase la obra de Bernal Díaz, fidelísima y muy contrastada documentalmente, o la mía, El esplendor de la miseria, igualmente fiel con aquel episodio. Una epopeya que deja al mismo Leónidas en su Batalla de las Termópilas a la altura de una escaramuza, pero que incluso algunos españoles resentidos se empeñan en denostar cuando la Conquista de América fue el suceso más trascendente, importante y capital de la Historia Contemporánea. Toda una gesta…, y nada cruenta, comparada con cualquier otra conquista, incluídas las que sufrimos los españoles en nuestra propia tierra.

México se inventó una Historia como otras muchas naciones se inventaron la suya en otras latitudes. Casi todos los Estados del mundo lo han hecho, y el sol sigue naciendo cada día. Nada nuevo bajo el sol. Actualmente, por ejemplo, lo ha hecho Cataluña, lo ha hecho el País Vasco y lo está haciendo en estos instantes el trasnochado y narcisista presidente autonombrado Sánchez, queriendo reescribir lo que le corresponde a los historiadores y hasta condenar a quien es un cadáver desde hace ya casi medio siglo.

El problema, precisamente, es que no son las Academias de Historia las que definen cuál es la verdad histórica, sino los políticos. Gentes estas siempre de poco o nada fiar y que siempre manipulan todo conforme a sus intereses espurios. Y, claro, así nos va. La Real Academia de la Historia española ya había advertido repetidamente en los últimos decenios que lo que se estaba enseñando en las aulas en Cataluña y en el País Vasco no se correspondía con los hechos y generaría conflictos severos en el futuro, y ya los tenemos en vivo y en directo. Cosa que se verá elevada a la enésima potencia con las locuras del presidente Sánchez y su cuerda de orates del PSOE y de Podemos. Por lo pronto ya nos han traído de vuelta a la extrema derecha, y, presumiblemente, un sangriento conflicto que debe estar cocinándose a la vuelta de la esquina, el cual volverá a anegar de sangre, desolación y muerte nuestros campos y nuestras calles.

La Historia hay que dejársela a los historiadores. Los políticos, cuanto menos hagan, mejor que mejor. Lo que tocan, inevitablemente, lo envenenan.

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