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El abrazo de la serpiente Sin categoría

Algo hiede a rencorosos ayeres en La Moncloa. Un ególatra enfermo de sí mismo, elevado al rango de presidente, ha revuelto en los arcones olvidados del desván de la memoria colectiva y ha sacado cadáveres antiguos, frentes populares y el fantasma siempre voraz y sangriento de las dos Españas que nunca dejaron de odiarse. De él ha surgido un insoportable tufo a contiendas venideras que anega los sentidos y estremece las almas. Los horizontes se tiñen de negros nubarrones que auguran un porvenir de alaridos, lágrimas, miseria y conflictos. Aúllan las alarmas. La memoria reciente de los jóvenes no lo identifica porque nunca lo vivieron. La memoria de los estúpidos ha perdido esa capacidad. Y la memoria de los rencorosos se goza en el dolor del porvenir de miseria y estercolero que nos acecha.

Dijo Franco (el mismo de la Sínodus Horrenda de este Gobierno anclado en el odio) al convertirse en Guerra Civil lo que pretendió que fuera un golpe de Estado que recondujera una situación que se le había ido de las manos al Gobierno: «Estábamos al borde del abismo y hemos dado un paso adelante». Y ahora es el PSOE junto con UP los que vuelven a las andadas.

La coalición de Gobierno entre el PSOE y la ultraizquierda tiene todas las connotaciones de un Frente Popular. Y los frentes populares nunca vienen solos ni en paz. A toda acción se le opone siempre una reacción. Es física aplicada. Y la reacción a esa España odiosa y resentida, es la otra España dispuesta al conflicto. Ahora solo es cuestión de tiempo: los bandos han sido configurados, los radicales ya empuñan los verbos y las arengas a los combatientes ya comienzan a abrumar la atmósfera.

Dije cuando llegó a trasmano al poder Pedro Sánchez que un ególatra haría lo que fuera necesario por conservarlo. Incluso aliarse con el diablo. Ya es un hecho. Elevar al Gobierno a un partido de ultraizquierda puede que para él sea una artimaña nacida de su egolatría desquiciada; pero para para el resto de los españoles es la mayor tragedia imaginable.

UP tiene hedor a conflicto abierto, a guerracivilismo, a rencor desenterrado, a miseria, violencia, división y sufrimiento. La Guerra Civil terminó hace ochenta años, pero desean reeditar el conflicto que perdieron. Y para ello repetirán página por página los mismos errores: fragmentarán España, sembrarán el rencor bolchevique por todas partes, aislarán España de la civilidad y la congruencia, y establecerán un espacio propicio solamente para lo terrible. España solamente ha aprendido a lo largo de la historia a repetir sus horrores. Pronto, muy pronto, todos lo viviremos. Pero para entonces ya será demasiado tarde para evitarlo.

Con Sánchez y UP, Cataluña se separará: está decidido. Los separatistas ya se sientan en el Congreso y próximamente entrarán en La Moncloa.  España, los españoles, siempre han financiado a sus enemigos. Después de Cataluña irá Valencia, Mallorca, el País Vasco, Canarias… Alea jacta est. Y tras eso, lo mismo que entonces, volverán los cadáveres a llenar las aceras, la sangre ennegrecerá los muros de las calles, los sicarios volverán a sus liturgias de ajusticiamientos por monedas y todos nos veremos envueltos en otro baño de muerte.

La historia se repite.

A los mismos errores, los mismos horrores.

Las empresas emprenderán su huida de una tierra en conflicto permanente y crecerá la miseria. El futuro será negado incluso a sus devotos. Los inversores, los capitalistas, los sensatos, se llevarán sus dineros lejos de esta patria reconvertida al trasnochado comunismo recalcitrante de estos enfermos de odio, y volverá la miseria a vestirnos de luto.

Pronto seremos la Bolivia que admiran, la Venezuela que desean, la Cuba que admiran o ese Irán que los financia.

Nos envolverá amorosamente el abrazo de esa serpiente PSOE-UP, y no dejarán de queremos hasta la muerte.

España nunca aprende de sus horrores.

 

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