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La partida del diablo Artículo

Cataluña ha tomado el sendero de la guerra. También lo han hecho Chile, Bolivia, Colombia y Hong Kong (por ahora). Visto desde las noticias que se difunden en los medios, son poblaciones descontentas que protestan o exigen diferentes cuestiones sin que tenga ninguna conexión lo que sucede en un país con lo que acaece en otro. Pero visto desde una distancia mayor, alejándose de las motivaciones supuestas de cada uno de esos conflictos, es toda una orquesta: una partida macabra que celebran las potencias.

En España ya va desvelándose «la conexión rusa». En su momento se habló de «la conexión israelí» y desde el principio de las algaradas de la «la conexión Soros» y su obsesión de respaldar, financiar o ejecutar las llamadas «Revoluciones de Colores o Primaveras». Todo un festival al que se unen ciertos informes de las Fuerzas de Seguridad, e incluso del CNI, de la participación del espionaje de las potencias (especializado en el conflicto social) y de sicarios internacionales expertos en la agitación del avispero catalán.

De lo que no cabe duda es de que una/s mano/s negra/s están convulsionando el mundo. Cuestión estratégica, cuestión ideológica o cuestión social, todos los mencionados ganan mucho con eso. Una partida siniestra en la que los bloques se enfrentan una vez más sin tener que hacerlo directamente.

Una nueva forma de guerra que comenzó en el ciberespacio y que continúa con la intrusión en las elecciones de otros países. De hecho, las potencias ya tienen Divisiones Cibernéticas y de Operaciones Sociales.

Pudiera parecer complejo, pero no es difícil alterar la paz social de un país, y, mucho menos, empujarle en unas elecciones a que vote contra sí mismo. Nadie cuestiona la eficacia de la publicidad, salvo que alguien crea que los más de 15000 millones que se gastan al año en un país pequeño, como España, sea llevado a cabo por descerebrados incompetentes. Y eso sin hablar de la «otra publicidad», la que se difunde como noticias, la indirecta, la camuflada como propaganda por cadenas o medios sostenidos con dinero venido nadie sabe de dónde. Si incluimos eso, se invierten más de 50000 millones al año. Demasiado para no ser algo eficaz.

Lo que sucede en Cataluña tiene mucho que ver con la propaganda. Incluso las potencias desplazan a la zona a sus espías, los cuales conectan con unos u otros dirigiéndolos y defendiendo sus intereses. Hong Kong y Venezuela han denunciado a EEUU, y Bolivia, Chile y España a los rusos. Siguiendo la pista del dinero, está claro que alguien financia a esos revoltosos. No es la guerra de Juan Pueblo, sino la de las potencias que manejan a las masas. Hay manuales para esto, y cuando se contemplan los sucesos desde la debida distancia, las pautas son de libro.

¿Cómo fue posible que un grupo heterogéneo de descontentos pasaran de hacer acampadas en la Puerta del Sol de Madrid a ser ya potencialmente parte del nuevo gobierno en ciernes? Aparentemente eran ciudadanos simples que querían un país mejor y más justo. Pero en ocho años ya están en el poder a pesar de ser una minoría de algo más de dos millones de votantes entre 18 millones.

¿Un milagro? No, nada eso: una partida.

¿Y el dinero? Rusia, Irán, Venezuela… Hasta les montaron un programa de televisión en un canal de uno de los difusores de su ideario, Público TV.

El PSOE de Sánchez no es el PSOE. De hecho, a Sánchez solo le importa Sánchez. Es el candidato ideal lo bastante narcisista y pusilánime como para que suceda lo que está sobrecogiéndonos, por lo que podemos afirmar que ha sido «elegido y promocionado a donde está.» ¿Para qué? Justamente para lo que está haciendo: llevar a Podemos al poder.

Una jugada perfecta.

¿Y qué es Podemos? Un partido bolchevique. Un partido que ansía la destrucción de España, su desmembramiento, no por interés propio, sino dirigido. Hasta el diablo tiene devotos dispuestos al sacrificio o el martirio.

Ambas jugadas, unidas al independentismo radical que paraliza Cataluña, da como resultado un jaque a España.

Tal vez un jaque-mate.

Y con España, a la OTAN.

Una jugada maestra.

En política no tiene importancia lo que dicen los voceros o los líderes. Sabemos por experiencia que esta mañana pueden decir una cosa y esta tarde su contraria. Y sin que se ruboricen. Tanto más de un día para otro y aún más de unas a otras elecciones. Aquello de lo que hoy abominan puede ser lo que defiendan a muerte un rato después. Los acuerdos nacionales o internacionales ya sabemos y tenemos sobradas pruebas de que el próximo gobierno (o el mismo) puede incumplirlos, retirarse o proclamarlos nulos. Nada sirve de nada. Todo es papel mojado.

Si Dios no lo evita —y no creo que lo haga— tendremos a Podemos en el poder y con él en el gobierno será un hecho que a España le saltarán todas las costuras. Cataluña será la primera en independizare, pero detrás vienen los demás: País Vasco, Baleares, Canarias, Valencia y Galicia.

En Siria hace diez años hubo algunas protestas civiles promovidas por EEUU y la OTAN. Murieron un par de personas en la represión, y, de pronto, surgieron mil grupos armados hasta los dientes que pretendieron derrocar a Al Assad por la fuerza. Ni el ejército más potente de Oriente Medio, Siria, pudo frenarlos. ¿De dónde salieron esas armas capaces de hacer frente a semejante Ejército? ¿Las compraron en Carrefour? Diez años y un millón de muertos después, la pesadilla aún no ha terminado.

Lo mismo que en la exYugoslavia. Aprender de la historia puede ser capital. Pudiera ser que todas estas algaradas que sufrimos a diario en Cataluña, sumadas a los movimientos políticos que parecen insertados mediante manipulaciones maestras, sean el preludio de algo parecido. No se debe entender lo uno separado de lo otro. La visita de espías rusos e intromisiones de multimillonarios forma parte del juego.

No son los catalanes.

No es el independentismo.

No es el nacionalismo.

Es la partida del diablo.

Y en esa partida perderemos todos.

La cantidad de sangre la definirá el cómo se lleve a cabo.

 

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