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Aborto, eutanasia, eugenesia y holocausto Artículo

La Segunda Guerra Mundial tuvo el resultado apetecido para quienes la diseñaron: Dios ha muerto. Sin credos y con propaganda dirigida, las poblaciones son más manejables y vulnerables. Además, quienes más poder de destrucción tenían, podrían hacer de ahí en más lo que quisieran sin limitación alguna. Y los vencedores demostraron ya en Hiroshima y Nagasaki que no tienen reparos en hacer lo más terrible y descabellado.

Antes de eso los alemanes, que por un momento fueron lo bastante poderosos, demostraron que el aborto, la eugenesia y la eutanasia eran interesantes para sus fines de eliminar a los grupos que no eran de su interés, pero demasiado lentas, de modo que pusieron en marcha el holocausto. La industrialización de la muerte para los grupos indeseables.

Con la victoria del bando aliado comenzó la otra guerra: la del dominio del mundo. En los años inmediatos al final de la guerra nacieron los organismos dominantes: ONU, FMI, BM, etcétera, y en los siguientes las Trilaterales, Grupos G, Bilderberg y tantos otros, todos ellos encaminados al mismo fin: el dominio del mundo. Aquello mismo que Albert Pike le desveló a Giuseppe Mazzini en sus famosas cartas.

Hasta la década de los setenta, todo cuanto tuviera que ver con esas políticas nazis eran consideradas aberrantes, aunque los métodos propagandísticos diseñados por Goebbels se usaran sistemáticamente en todo cuando concernía a la publicidad y al establecimiento del pensamiento único que ya nos gobierna. Un pensamiento único sin rebeldías, sin credos ni ideologías. Un pensamiento único basado en la simpleza y la ocurrencia, además de en el ocio y en la estupidez.

Le llegó el turno al aborto, y los no-abortados que habían sido absorbidos por el sistema lo respaldaron apoyándose en casos aislados más o menos sangrantes. Entre sesenta y cien millones de vidas al año son segadas antes de su nacimiento. Lo que una Segunda Guerra Mundial al año.

Pero la situación se complica. El progreso ensucia y destruye el medio, y ya con los abortos no es suficiente. Se ha desarrollado la eugenesia de un modo atroz, tanto para fabricar soldados como para diseñar niños por parte de los padres pudientes que pueden sufragarlo. La superpoblación es un problema al mismo tiempo que se ha logrado alargar la vida en cientos de años, y la contaminación y depredación del medio ha puesto el pie en el acelerador de los poderes reales. No de los que aparentemente gobiernan o controlan las sociedades, sino de los que realmente ostentan el poder y decretan los pasos a seguirse.

Como consecuencia de esto se han desarrollado campañas de propaganda para hacer lo que con la eutanasia lo mismo que hicieron con el aborto. Es preciso reducir la población, y los ancianos son caros. No le interesan al sistema. Ni le interesan los enfermos crónicos, los que no son productivos y los que disienten.

Cuando uno encara una escalera comete un error si considera solamente al peldaño y no adonde la escalera conduce. El primer escalón de lo aberrante siempre es agradable y bonito: razones humanitarias, interés general, solidaridad con el que sufre… Hoy, será una eutanasia aparentemente voluntaria —que ya lo dudo—, pero en breve será obligatoria para ciertos casos y, andando el tiempo, para todos los que lleguen a cierta edad, tal y como se refleja con peculiar maestría en «La fuga de Logan».

Lo que ahora sucede con el coronavirus que llena de pánico a las poblaciones de la mano de la propaganda del sistema, en realidad es un ensayo de lo que está por venir. Actualmente, a las poblaciones que dicen afectadas las encierran en sus casas y una legión de policías, militares y drones velan porque continúen en su encarcelamiento. «Razones humanitarias», arguyen los poderes. Pero están presos, sin libertad.

Mañana es seguro que implantarán un chip o algo así a los grupos deseados, y esos ejércitos de drones, policías y ejército perseguirán a los grupos que no tengan ese chip para aplicarlos una eutanasia que, entonces, tomará el hombre de holocausto.

La reducción de la población humana ha comenzado. Es posible que se tome el atajo de la Tercera Guerra Mundial que profetizó como las dos anteriores Albert Pike, pero de lo que no hay ninguna duda es de que lo que ahora se implanta de la mano de la propaganda «por razones humanitarias», mañana será ley. Y la ley será cada vez más dura y expedita. Solo que para entonces ya no se podrá cambiar y habrá que subir esa hermosa escalera que, en realidad, conduce al cadalso.

Que nadie que pueda leer esto olvide nunca que no fue abortado, que muy posiblemente llegará a viejo y que es más que probable que no pertenezca al grupo de interés de los poderes.

Martin Niemöller dijo aquello de que «Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.» Hoy, adaptándolo, habría que decir lo mismo.

Comentarios
  • 15 de marzo de 2020

    BrianHes

    responder

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