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Distopía: un país en arresto domiciliario Artículo

Vivimos una situación distópica como, seguramente, todos nosotros pensábamos que era solo cosa de películas. Policías municipales, nacionales, autonómicas, UME, una legión de enfundados en trajes de marcianos rociando todo con no se sabe qué, militares armados hasta los dientes, drones vigilando y la población confinada en los archivos de sus casas como enseres inservibles o ganado en sus rediles sin que hayan cometido delito alguno. Y, por si fuera poco, las autoridades piden a través de los medios que los mismos ciudadanos denuncien a los vecinos que incumplan el confinamiento, convirtiéndoles en chivatos o en comisarios políticos.

La realidad, una vez más, desborda a la ficción. Incluso a la ciencia-ficción. La población de medio Occidente ha sido confinada en sus domicilios en un arresto domiciliario que vulnera todos sus derechos civiles y sin haber cometido ningún delito. Un confinamiento consecuencia de Estados de Alarma nacionales, decretados en el sagrado nombre del clásico «es por vuestro bien» con el que se suelen perpetrar todas las barbaries de la historia.

Lo que sorprende es la coordinación con que todo este proceso se ha llevado a cabo. Primero, fueron los medios los que, funcionando como una patética orquesta y sin importar su aparente tendencia, difundieron el pánico y la histeria de forma premeditadamente juiciofinalista sin que hubiera causa aparente (ver mi anterior artículo «Distopía: gilipollas y gilipollos» https://www.angelruizcediel.es/2020/03/14/distopia-gilipollas-y-gilipollos/ ), y después ha sido la política la que, valiéndose de la voz de opinadores a sueldo, autoridades sanitarias y gobiernos ha implantado el confinamiento obligatorio de la ciudadanía.

Y las poblaciones civiles, ya sin criterios personales, políticos o sociales distintos que los que dimanan de los medios de difusión, han aceptado el atropello como una cuestión natural.

Las teorías conspirativas sobre estos sucesos son ilimitadas, yendo desde un pretendido ensayo general de control de la población ordenado por un supuesto gobierno mundial en la sombra, a un ejercicio previo de eliminación sistemática de los segmentos de la población contrarios o inconvenientes para el equilibrio de los Estados (ancianos, pobres, enfermos crónicos) en un mundo superpoblado y en un asunto sobre el que las más altas autoridades políticas y financieras del mundo han solicitado reiteradamente que es necesario hacer «algo», naturalmente refiriéndose a medidas similares a esto que sucede.

Este artículo, sin embargo, no va de teorías conspirativas, por más que la inmensa mayoría de los medios de difusión, aun los que parecen opuestos entre sí, sean directa o indirectamente propiedad de media docena de poderosos y que la inmensa mayoría de los gobiernos y políticos pertenezcan a sociedades secretas o discretas, o hayan sido formados y sean acunados por los brazos de los mismos propietarios de aquellos medios de difusión (televisiones, periódicos, editoriales, etcétera).

Este artículo va sobre las consecuencias de este atropello o abuso de autoridad y poder. Tal vez, estos gobiernos «tan humanitarios» que han cometido esta tropelía nos puedan iluminar sobre las soluciones a los problemas que expongo a continuación, porque, de no hacerlo, y dure lo que dure este arresto domiciliario nacional (entre dos semanas y cuatro meses, por el momento), propiciarán que el país que saldrá de esta barbaridad cuando se restablezcan los derechos civiles no tenga nada que ver con el que era cuando comenzó este pánico artificial que han creado. A no ser que sea eso lo que pretendan, claro.

Veamos algunas:

  • Pobreza: Según datos oficiales, el 5,6% de los españoles vive en una pobreza severa; el 26,1% de los españoles se encuentra en el umbral de la pobreza y en riesgo de exclusión social; y el 56,4% de los españoles, tienen serios problemas para llegar a fin de mes. Datos que, en algunas regiones como Extremadura, Ceuta y Melilla, Andalucía y Murcia, se elevan hasta casi concentrar el doble de esas cifras. ¿Cómo pueden resistir semanas confinados careciendo de lo necesario? ¿O es que, simplemente, además, se los condena al hambre, a la debilitación por necesidad de sus sistemas autoinmunitarios y, en consecuencia, a la vulnerabilidad física ante cualquier enfermedad? Este importante segmento de la población no es condenado a un confinamiento temporal, sino a poner en riesgo su propia existencia.
  • Empleo: Según datos oficiales, el desempleo en España abarca al 13,7% de la población. 3,3 millones de personas sin empleo, de los cuales el 33% (más de 1,2 millones de desempleados) carece de cualquier clase de cobertura o prestación por desempleo, y otro 34% tiene una cobertura mínima que es a todas luces insuficiente para la supervivencia. A estos 2,5 millones de trabajadores hay que añadir, además, 1,3 millones de personas que viven en la economía sumergida por imposición social, sin sanidad, sin derechos y con percepciones de miseria que, en la mayoría de los casos, no garantiza su supervivencia. ¿Cómo pueden sobrevivir a este confinamiento estos 3,7 millones de personas, o familias en muchos casos? La cuestión, claro, se complica más cuando a los 19 millones de empleados oficiales en España se les resta los 1,2 millones que el mismo INE reconoce como subempleados (que ya serán más porque el que hizo la ley hizo la trampa). Y para guinda que colma el pastel, hay que añadir los nuevos parados que van a sumarse a esta debacle, de modo que, aunque no hay datos sobre eso todavía, las estimaciones apriorísticas fluctúan entre 5 y 7 millones de personas que, de uno u otro modo, van a engrosar durante y posteriormente a este confinamiento forzoso las cifras de desempleo y/o pobreza. ¿Cómo van a sobrevivir estas personas al confinamiento?
  • Deudas: Si la mitad de la población tiene problemas más o menos graves para enfrentar las deudas que la supervivencia exige (alimentación, gastos de alquiler, hipoteca, facturas de energía, teléfono, etcétera), ¿cómo podrá enfrentar el confinamiento en esta tesitura? Poco importa que se suspendan los pagos temporalmente, porque las compañías o acreedores siguen sumando cifras, y, pasada la histeria social, reclamarán los recibos atrasados y los gastos generados íntegramente (alquiler, hiopoteca, gastos de energía, teléfono, etcétera), y lo harán con intereses de demora añadidos, lo que va a suponer que no pocos van a perder su vivienda (si se trata de hipotecas), su automóvil (si se trata de plazos) o les cortarán la luz, teléfono, etcétera, y entrarán en las temidas listas de morosos.
  • Ancianos: Más de la mitad de las personas mayores (este es un país de ancianos, con más de 9,12 millones de personas mayores de 65 años en 2019) necesita movilidad diaria, sanidad más o menos intensiva, atención personal continua y algo tan sencillo, barato y natural como el sol. Nada de todo eso podrán tenerlo en régimen de confinamiento, lo que incrementará su vulnerabilidad y multiplicará su mortalidad. ¿Cómo podrán soportar un confinamiento obligatorio estas personas sin consecuencias severas o extremas para su salud?
  • Economía: La bolsa ya ha perdido en poco más de una semana el 40% de su valor. Más 220000 millones ha huido de España o se han perdido. Las aerolíneas se hunden, tal vez de forma irrecuperable, y las multinacionales caen en picado por el momento y forma aparente (excepto las cadenas de supermercados), con todo lo que ello conlleva de desempleo, ya sea temporal o definitivo, para sus empleados. La hostelería de gran calado va a resistir con enormes dificultades, pero la pequeña hostelería, que es la que representa la mayor parte de la española, quebrará o se verá cerca de hacerlo. Lo mismo que sucederá con los pequeños negocios, los cuales no podrán resistir la crisis de confinamiento si dura más de dos meses, con lo que se pondrá el mercado íntegramente en manos casi exclusivamente de las multinacionales.
  • Turismo: Y, por último, un país eminentemente turístico como España que obtiene de esto un 14% del PIB, tendrá que prescindir prácticamente de él. ¿Cómo piensa enfrentar el gobierno esta pérdida de ingresos de 200000 millones?

 

Por supuesto aquí solamente he expuesto algunas pinceladas. Hay muchas más que definirían el cuadro completo.

Otras, lo serían las «humanas». Cuestiones como que familias que no están acostumbradas a convivir un día tras otro, va a generar, pasados unos pocos días, problemas serios de convivencia, produciendo que esa reclusión asfixiante multiplique los casos de violencia familiar (entre la pareja y entre los padres y niños), los de malos tratos y, por ende, los divorcios.

La presión psicológica, el estrés y la ansiedad que producen los encierros, especialmente en espacios muy reducidos, se van a disparar exponencialmente día a día, y ello conducirá a todo lo demás.

Hoy, debido a la novedad de una vivencia semejante, en apariencia todo es una fiesta. Se habla festivamente del confinamiento como si fuera una experiencia divertida. Pero no va a ser así por mucho tiempo. Los problemas van a empezar a dar la cara a partir del tercer día, y, de ahí en más, la aparición de casos como los citados, irán multiplicándose a un ritmo que dejarán a la crisis pandémica como un juego de escolares.

No se puede confinar a una población. Y mucho menos, sin haber cometido delito. El ser humano no ha sido creado para soportar el confinamiento y se rebelará.

El Estado, ya en quiebra económica a causa de sus deudas, ha recurrido a imponer multas a quienes desobedezcan la orden de confinamiento con ¡hasta 600000 euros! O, lo que vale lo mismo, a los transgresores (incluidos los que rompan el confinamiento por extrema necesidad) les van a quitar todo lo que tienen y, probablemente, todo lo que podrían llegar a tener, incluidos sus bienes materiales. Eso sí, a los multado les quedarán unas deudas que jamás podrán satisfacer.

A lo estúpido, se le impone además la locura.

Sin embargo, es previsible que los más bravos o los más desesperados (esos casi veinte millones de españoles que están en la ruina o en el borde del hambre o quienes no soporten más la presión y la ansiedad que produce el encierro) comiencen a desobedecer, primero tímidamente, pero después de una forma masiva, multiplicando los daños y produciendo situaciones inimaginables por ahora.

Es extraordinariamente patético, hoy, ver armas de guerra en las calles de un país supuestamente en paz, al que se le ha impuesto una pena de encarcelamiento total e injustificado. Gran parte de la población, solvente económicamente y profundamente alineada por la publicidad y la propaganda dimanada de los medios, ya es incapaz de pensar por sí misma y solo sabe obedecer cualquier orden o tendencia por estúpida que sea; pero hay parte que no lo va a hacer. Y, cuando esto suceda, las armas de guerra que ahora hay en las calles, es posible que sean usadas.

La pandemia, en definitiva, no es el coronavirus, sino las medidas desquiciadas del gobierno.

Han hecho un pan como unas hostias, y esto va a traer consecuencias de una gravedad tal que va a hacer las delicias de los paranoicamenete distópicos.

El país que tendremos cuando termine esta locura colectiva, ni se va a parecer al que teníamos cuando empezó.

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