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Distopía: la dictadura silenciosa Artículo

España es una dictadura de facto. Los ciudadanos, hoy, tienen mucha menos libertad y menos derechos que en épocas infaustas del pasado reciente, en el que declarados dictadores procuraron controlar con severo rigor nuestras vidas. Silenciosamente, y con el pretexto de una pandemia que parece producir en España daños que pocos o ningún otro país del mundo produce, se ha implantado de hecho un régimen autoritario que nos ha robado nuestro bien más preciado: la libertad. Sin condena y sin delito, la totalidad de la población española se ha visto prisionera por orden de un gobierno supuestamente democrático, con una severidad tal que no afecta ni siquiera a los presos juzgados y condenados que habitan los penales, o aún, lo que es más humillante, a las mascotas. Un ser humano tiene ya, en la España de hoy, literalmente, menos derechos que un perro.

Importante esto, no lo olvide: menos derechos que un perro.

Los derechos inalienables de las personas han sido violentados por la fuerza. Los niños, han sido condenados a no poder salir de sus casas, impidiendo su natural desarrollo; los ancianos, también, y condenados a sentir cómo sus organismos y sus movilidades se degradan; y por supuesto los demás ciudadanos de a pie, condenándolos a un encierro obligatorio que traerá aparejado una enorme mortandad y una incalculable cantidad de problemas intrafamiliares y psicológicas permanentes.

Una atrocidad de todo punto de vista inaceptable. Sin excusas de ninguna clase. Nadie, nunca, ni los más terribles dictadores, se atrevieron jamás a tanto. Excepto estos dictadores enmascarados de buenismos que habitan La Moncloa, ocultando con máscaras de huecas palabras la execrable maldad de sus almas.

Amparándose en una pandemia que ni siquiera saben manejar, han implantado medidas intolerables desde cualquier punto de vista por la fuerza. Una fuerza, al estilo y manera de los más viles dictadores, compuesta por miles de policías, guardias civiles, militares, policías municipales, coches patrulla, helicópteros, drones y tecnología punta —además de una cohorte de chivatos de visillo o comisarios políticos al estilo bolchevique—, al servicio del nuevo Régimen, para detener y multar a quienes osen ser libres y salir de la prisión en la que, malévola y torcidamente, han convertido los hogares. Contra estos osados, se han desplegado ominiosas penas que van desde años de cárcel a multas impagables que convertirán en parias a quienes hasta ayer fueron hombres libres y con propiedades o haberes, porque el nuevo Régimen dictatorial puede meter la mano en la cuenta o expropiar los bienes de quienes no paguen taz a taz lo que a ellos les salga de los nueve, que para algo son los nuevos dictadores del nuevo Régimen.

La dictadura es, pues, un hecho incontestable, y, cada día que pasa, se la redondea con nuevas medidas castradoras de derechos y libertades, intentando por todos los medios implantar un nuevo orden de pensamiento único (quién sabe si también un Partido Único). Se usan ciertos medios comprados (y vendidos) para hacer un lavado de cerebro colectivo a la población enclaustrada contra su voluntad en sus domicilios, abandonándola ante esos medios de propaganda, a la vez que se amenaza con hasta cinco años de cárcel a quienes disientan, bajo el disfraz de difusores de bulos.

La libertad individual y colectiva ha muerto en España desde un punto de vista legal, pues que se ha decretado torticeramente la anulación de los derechos inalienables de los seres humanos y se ha conculcado la Constitución en todos sus ámbitos. Pero también ha muerto con ella la otra libertad, la de expresión, con la torpe excusa de que algunos desinforman, y hasta se solicita ya la ilegalización de los partidos que comulgan no con ellos (no los independentistas o los filoterroristas). Y también lo ha hecho la libertad de reunión, considerándose delito que se reúnan más de tres personas aunque sea en la calle, dándose el contrasentido de impedir a los deudos que acudan al funeral o el entierro de un ser querido pero puedan estar cientos de personas hombro con hombro en supermercados o bailando el cumbia-ya en un hospital, en un grupo de policías o guardias civiles. La conculcación e ilegalización de ambas libertades, unidas la ilegalización de libertad de movimiento y al hecho de que la propiedad privada no existe desde hace tiempo en España y que cualquier estamento estatal, desde un ayuntamiento a Hacienda, puede privarle a cualquier ciudadano de sus haberes y propiedades incluso porque se le antoje, arroja como resultado la más feroz y férrea dictadura existente en este momento en el planeta. ¡Ya la quisieran para sí Venezuela, Corea del Norte o Cuba!

Son numerosos los periodistas o presentadores de programas que han sido depurados por no ser lameculos del nuevo Régimen, tanto en la Pravda de este gobierno de connotaciones bolcheviques de La Moncloa (La Secta), como en TVE y hasta en Telecinco. En las radios sucede otro tanto, al ritmo que el vicepresidente comunista va mostrando sus orejas y sus fauces de lobo estepario bolivariano.

Un siniestro personaje este que, en sus ocurrencias dictatoriales, quiere además proporcionar un sueldo gratuito que compre almas y le cree un santuario a una supuesta legión de desheredados, negando con ello no solo el derecho y el deber que exige la dignidad de cada ser humano de ganarse por sus medios el pan que le sustenta, sino también el derecho que consagra la Constitución —y siempre ignorado por los distintos partidos, que en realidad pertenecen al mismo entramado— de tener un trabajo con el que hacerlo. Con ello no solo consigue crear una legión de dependientes esclavos que siempre besarán el culo que les alimenta, sino que se garantizará un santuario desde el que poder perpetuarse.

En la población estas maniobras arteras dan el resultado apetecido por el nuevo Régimen dictatorial. Los alineados, una buena parte de la población que se muestra dócil y obediente con cualquier despropósito que venga de La Moncloa esa en la gobierna el nuevo Régimen de izquierda bolchevique, todo el que disienta, se rebele o reclame sus derechos son tildados fascistas, extrema derecha, radicales que merecen ser denunciados, perseguidos y encarcelados.

Exactamente lo mismo que sucedió en la Alemania Nazi, en la URSS, en Cuba y en cualquier régimen autoritario dictatorial. Sin embargo, conviene recordar que el partido Nazi era socialista y ganó las elecciones democráticamente, y socialista era Largo Caballero que se levantó contra la II República en armas con la Revolución de Asturias. Una república desastrosa que ahora quieren reeditar con la III, ocultando con ello que solo quieren expulsar a la monarquía y quedarse como señores del sarao, «su» sarao.

Pero por suerte, no todos los ciudadanos pensamos así. También estamos los que pensamos por nosotros mismos y sabemos ver la Pravda del Régimen o TVE sin dejarnos influenciar de otra cosa que saber cómo piensa y manipula el enemigo, y no militamos en ningún otro partido que el de las evidencias, la razón, el respeto de los derechos inalienables del ser humano y de la libertad en todos sus ámbitos. No nos casamos con nadie, no extrañamos a nadie del pasado y no perseguimos otra cosa que evitar que la libertad sea una especie de concesión que hace el Estado.

La libertad no es negociable.

Quienes leen mis artículos habitualmente —los vengo escribiendo desde hace más de un decenio en distintos medios de difusión y en mi propio blog—, saben de sobra que siempre he sido lo bastante libre como escribirlos sin consideraciones hacia nada ni hacia nadie. Con libertad. Me da igual si gobierna la derecha o la izquierda o el centro: lo que está bien, está bien; y lo que mal, mal. Sin medias tintas. Pues bien, estos lectores saben, y pueden encontrarlo en mi blog, que desde que el actual presidente apareció en política dije que era peligrosísimo y por encaramarse en el poder y conservarlo haría lo que fuera, sin reparar en nada ni nadie.

Y ahí está.

Incluso gobernando con los comunistas de los abjuró públicamente con luz y taquígrafos y a los que dijo que jamás los aceptaría.

Se importa él, solo él y nadie más.

Es un hecho.

Desalojó el cadáver de un dictador de la capilla del Valle de los Caídos, quién sabe si para darse sepultara a sí mismo cuando le llegue la hora en su lugar, porque en su delirio narcisista se ha creído por encima incluso de Dios.

Guardaos de los falsos profetas (vale gobernantes) que vienen a vosotros vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. Mateo 7:15.

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