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Distopía: la guerra está en la Red Artículo

Las guerras modernas son asimétricas. Tanto las armas que se emplean como las estrategias, nada tienen que ver con lo que fueron hasta el pasado siglo. Incluso los escenarios en los que se celebran no tienen nada en común con los escenarios bélicos de antaño.

Silenciosa e ignoradamente para el ciudadano medio, vivimos inmersos en una guerra continua que se celebra a nuestro alrededor sin síntomas de que se esté desarrollando. Y él, cada uno de nosotros, es el centro de la misma, el objetivo, ganar su voluntad y controlarle sin que lo sepa. Las nuevas tecnologías, en gran medida, son armas bélicas, como el 5G desarrollado por DARPHA. Una radiación de alta densidad que convierte cada wi-fi en un detector capaz de determinar quién hace qué, gracias a los productos metálicos dispersados por los chemtrails que cuadriculan el cielo y que respira el ciudadano.

Las Redes sociales son otro campo de batalla.

Es fundamental ganarse el favor de los ciudadanos, adoctrinarlos en un pensamiento determinado y, a la vez, controlarlos, saber quién es obediente y dócil y quién es rebelde o contrario a determinado tipo de intereses. Los primeros, irán a parar sus historias a una lista secreta de insignificantes —hasta que cambien de parecer—, y los otros, a una secreta lista negra de nombres a ser vigilados.

Las Redes sociales, en realidad, no un pulsómetro de creencias y un detector significativo de aliados y contrincantes. Todos los partidos —en especial los totalitarios—, todos los gobiernos y sus Servicios de Inteligencia, y todos los grupos de presión de grandes intereses hacen enormes esfuerzos por infiltrar las Redes.

En ocasiones, estos grupos de intereses lo hacen por medios electrónicos, controlando el flujo de las Redes para detectar automáticamente secuencias de palabras clave que determinen potenciales objetivos; en otras, se encarga a particulares o a empresas especializadas que hagan un trabajo de invasión, interceptación o incluso de propaganda para inflamar las opiniones ciudadanas en uno u otro sentido.

No es desconocido por los expertos en informática, que en algunos países como la India, China o algunas repúblicas bálticas o de los países del Este, hay auténticas industrias dedicadas a tiempo completo a infiltrarse en los ordenadores ajenos, en hackear computadoras para robar claves que permitan saquear las cuentas de los ciudadanos y hasta de vaciar sus tarjetas de crédito en tiempos récores.

Algunos países tienen los presidentes que tienen gracias a este trabajo soterrado. Quien controla las Redes con sus intoxicaciones, bien puede ganar un país con todo lo que ello conlleva. Ha sucedido recientemente incluso con los gobiernos de grandes potencias mundiales. Toda una legión de contratados domésticos u organizaciones delictivas como las que he mencionado, crean decenas de miles, cientos de miles de perfiles falsos que invaden las Redes sociales dispersando el veneno de la intoxicación ideológica, bien manipulando informaciones o normalizando desmanes, a fin de defender, proteger o amparar intereses espurios políticos, sociales e incluso económicos.

Siembran, en fin, un pensamiento único.

Manipulan al ciudadano.

Es relativamente fácil comprobar que los muchos «me gusta» de determinadas campañas gubernamentales o de partido político, son otorgados mayoritariamente por perfiles creados en los días inmediatos al lanzamiento de esa campaña específica, como por ejemplo sucede con la enorme crisis política que vive España como consecuencia de los despropósitos del Gobierno en la gestión sanitaria y en la eliminación totalitarista de las libertades y derechos constitucionales. Las recientes afirmaciones de general jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil al respecto, declarando que una de sus tareas principales es atenuar la disidencia contra el gobierno, lo deja meridianamente claro.

Obviamente, si los resultados de la encuesta dl CIS, publicada hace unos días, en la que se afirma que el 97% de los españoles están de acuerdo y apoyan las gestiones del gobierno, fuera verdad, esa intromisión de la Guardia Civil no tendría objeto, lo que deja claro que tanto lo uno como lo otro, son técnicas de guerra para doblegar el pensamiento de los ciudadanos y controlar a los disidentes.

Cualquier usuario de las Redes sociales sabe que en los últimos meses o semanas ha recibido una inusual petición de solicitudes de amistad. Naturalmente, el ciudadano no advertido se congratula del crecimiento de su popularidad, y tanto más si estas peticiones vienen de personas con nombres extranjeros, son señoritas muy mollares que muestran rostros bellos o muy insinuantes, o son provenientes de ciudadanos comprometidos que blanden, curiosamente, eslóganes con hangstag del tipo #yomequedoencasa. Perfiles estos, por otra parte, que lucen todos los requerimientos de un proceso industrial: idénticos en sus mínimas diferencias (mismo marco aunque distinta imagen, nombres distintos pero cortos para aumentar la eficiencia del manipulador, pocos “amigos”, etcétera).

La tentación del usuario no advertido a aceptarlos, por supuesto es muy alta, porque infla su orgullo de ser popular y porque quiere llegar a mucha más gente (para eso está en las Redes) con sus opiniones, sus escritos, sus pareceres o para romper su soledad. Pero al aceptarlos, abre una puerta a esos manipuladores para que indaguen en su intimidad y, quién sabe, los permitan un acceso a su clasificación y hasta a su propio ordenador.

Aceptar a desconocidos jamás tuvo tantos peligros.

Los partidos políticos, los gobiernos, las empresas y los delincuentes saben bien de la influencia de las Redes, e invierten ingentes cantidades de recursos en esto. Gracias a estas manipulaciones, que bien pueden ser consideradas como una guerra soterrada, se interviene el pensamiento y los criterios ciudadanos de tal modo, que son capaces de producir en él adhesiones a causas que ni siquiera son suyas, cuando no cambiar su pensamiento o su voto en la dirección deseada. Así se han ganado presidencias de primeras potencias en los últimos años.

Es preciso cuidar mucho, hoy en día, a quién aceptamos en nuestras Redes, porque pudieran ser indeseables.

El mundo virtual, nunca fue tan peligroso.

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