No es guerra, sino Agenda 2030

© Ángel Ruiz Cediel - 4 de julio de 2022




En los campos de Ucrania ha montado imperio la muerte. Todos los días se matan con saña ucranianos que no odian a los rusos y rusos que no odian a los ucranianos.

Ambos bandos son alentados a la matanza por multitud de naciones que no participan en la guerra, pero que se enriquecen con ella al mismo tiempo que amiserian a sus propios países.

Somos las víctimas calculadamente colaterales de la guerra: en Ucrania, muchos civiles pagan con su vida la barbarie de la geopolítica; y en Europa, el fantasma de la necesidad ha arrollado incontables hogares y en lontananza se vislumbra de lo que muchos expertos dicen que es una inevitable confrontación militar global.

Hasta ahora a nadie le importó la matanza que se estaba llevando en Ucrania desde 2014, dirigida por las autoridades nazis emergidas del golpe de Estado de ese año que financió el padre de las Primaveras Árabes y las Revoluciones de Colores. A nadie, porque todos los ciudadanos solo comprenden como real lo que los medios difunden, a pesar de que todos saben que estos siempre mienten porque son propiedad de esos mismos socios del padre de las Primaveras Árabes y de las Revoluciones de Colores.

Tampoco a nadie le importan en absoluto aquellos otros seres humanos que mueren en las incontables otras guerras que se libran en estos momentos en otros confines del mundo.

Sin embargo, a los medios solo les importa esta.

Algunos medios —casi todos—, suelen recurrir a la emotividad de personalizar la guerra dando una visión humana de la misma, entrevistando a algunas de las víctimas para que narren su tragedia a fin de que la personalización llegue al corazón (irreflexivo) y no a la mente (intelectiva), cual si las víctimas del otro lado no merecieran empatía alguna.

Se humaniza a unos con el objeto de deshumanizar a los otros.

Pero ¿por qué solamente le importa a los medios la guerra de Ucrania y van lentamente mentalizando a la población de que inevitablemente llegaremos a una recesión brutal, primero, y a una guerra mundial, después?

Pues porque no se trata de una guerra, sino de la implantación de una Agenda.

Todo debe empeorar antes de que mejore, decía Marilyn Ferguson.

Por lo tanto, los daños producidos por la guerra, el sufrimiento, la destrucción y la brutal contaminación de todos los medios naturales entran dentro de los cálculos. Pero no me refiero a los cálculos de los que dan la cara, los gobernantes o los mandos militares, sino a los de quienes controlan la realidad y pretenden unos objetivos muy concretos.

Si se analizan los dramáticos sucesos a los que me refiero se le puede dar un enfoque económico, y sería cierto; pero no lo sería menos el enfoque geopolítico, ni el de dominio y control, ni tampoco el social-globalista.

Todos son ciertos, sin duda; pero, a la vez, todos secundarios.

El objetivo principal es el establecimiento de la Agenda 2030.

Muchos pensarán que esta Agenda nació en 2015; otros, tal vez se remonten a fechas pretéritas en que algunos maltusianos se creyeron en la obligación de variar forzosamente el curso de la Historia debido a la superpoblación, la contaminación y el agotamiento de los recursos.

Para llevar a cabo una transformadora ingeniería social, para que sea digerible por la sociedad, es necesario que se revista de bellas palabras: eliminación de la pobreza, sostenibilidad, libertad, etcétera. Mentiras, en fin, pero mentiras necesarias… para ellos.

Es cierto que eliminar la pobreza es una gran cosa, pero no es necesario para ello eliminar a los pobres (muerto el perro, se acabó la rabia). Sería maravilloso contener la contaminación, pero no a costa de reducir la población a menos de un décimo de la actual (sin contar pandemias provocadas, aborto, eutanasia, etc.). Sería deseable una sostenibilidad que pueda ofrecer un planeta limpio y saludable a las nuevas generaciones, si es que queda alguna distinta de la suya. Y en cuanto a la libertad, en fin, que esta no es muy creíble si estamos localizados día y noche con los ingenios electrónicos que llevamos encima (incluido el carné de identidad) y no podemos enterarnos de lo que en verdad sucede en el mundo porque la información que nos llega es solamente la suya y en su práctica totalidad calculadamente inventada, como falsa fue la que tuvimos durante la pandemia anterior.

Pero ¿es ese el fin de la Agenda 2030? No; ni mucho menos.

La Agenda 2030 no es otra cosa que un escalón de una larga escalera que comenzó hace milenios. Una etapa, como aquel que dice: solo eso.

Sabemos que la agenda 2030 es muerte revestida de blanco, como esas sepulturas encaladas que en su interior solo tienen podredumbre y huesos.

Hablar claro, hoy, es una impostura; expresarse en libertad, prácticamente un delito que incluso puede ser perseguido y, quien de ese modo se exprese, enjuiciado, encarcelado o simplemente eliminado.

Todo un contrasentido con la supuesta libertad, en general, y libertad de expresión que caracteriza a nuestro sistema, ¿no es cierto? Sin embargo, la población lo acepta porque así es impuesto desde esos medios de comunicación que utilizan todas las técnicas goebbelsianas para lavar los cerebros de la sociedad.

En realidad, cuanto se propone en la Agenda 2030 y está sucediendo en el mundo es la eliminación de los escollos que dificultan la implantación mundial de un sistema básicamente anticristiano, o dicho con mayor propiedad, satánico. Para ello es necesario eliminar la escala de valores cristiana, desde la familia a la conducta individual, o, puesto que Satán es el enemigo de Dios y un imitador de este, invertir esos valores.

Puede que a ti, lector, esto te parezca el desvarío de un cristiano fundamentalista; pero te pido que hagas un ejercicio de libertad contigo mismo y que lo analices sin prejuicios. No; no soy un cristiano fundamentalista al uso, pero soy capaz de pensar por mí mismo, no tengo prejuicios para analizar la situación y tengo la cultura suficiente como para recurrir a la información necesaria con el fin de formarme un juicio equilibrado sobre esto.

La Agenda 2030, sobre todo, promueve de una forma sibilina la muerte, ya sea a través del aborto, la eutanasia, la guerra o las pandemias controladas. Y eso sin contar con la promoción de la homosexualidad, que es la muerte por omisión, dado que se le impide a la vida desarrollarse.

Una inversión de valores que llega a todos los extremos imaginables, dejando pocas o ninguna cosa al azar. Al satanismo le encanta burlarse de Dios, y por eso no le ataca frontalmente, sino que busca invertir sus valores. ¿Qué identifica al satanismo como símbolo? La cruz invertida. Esto es así con todo: invierte lo divino.

Pongamos el caso de la homosexualidad: desde la óptica cristiana, el hombre vierte su semen en la matriz de la mujer a fin de que de un acto de amor surja la vida; desde la óptica satánica, ya se trata de hombre con hombre (primera inversión) de modo que el semen se vierte en una cloaca sobre el excremento (segunda inversión). ¿Hay mayor burla que esta?

Esto mismo se puede proyectar a todos los aspectos de las nuevas sociedades regidas por el pensamiento global, hoy materializado en la Agenda 2030.

Es muy significativo considerar que la totalidad de los dirigentes de Occidente pertenezcan a la Masonería. La totalidad de ellos. Cuando menos, estadísticamente es imposible, salvo que alguien —la Masonería— controle quién se presenta a las elecciones o, en su defecto, sean ellos quienes recuentan los votos. Hoy, no hay ningún dirigente de ningún país occidental que no pertenezca a la Masonería. Curioso, ¿verdad?

Como consecuencia de esto, todos ellos obedecen los mandados de sus élites o grados más altos (los que no aparecen en los medios ni dirigen gobiernos, pero quienes lo controlan todo) sin rechistar, aunque ello conlleve sufrimiento y penalidades para los ciudadanos de sus propios países.

Aquí cabe el riesgo simplista de pensar que, en tal caso, quieren producir una guerra con el enemigo para eliminarle y al mismo tiempo implantar su credo a nivel mundial. Y sería un error grave de consideración: ambos bandos persiguen lo mismo porque son hermanos de logia. El enemigo es el pueblo creyente y sus credos: lo mismo ucranianos que rusos, ingleses, franceses o españoles.

Es una guerra que comenzó hace milenios.

Por otra parte, los masones tienen una fórmula para culminar sus propósitos: la oposición de los contrarios para la obtención del ternario. Necesitan dos opuestos, en consecuencia, que, una vez enfrentados adecuadamente, permitan la obtención del objetivo. Los enemigos aparentes, en tal caso, son imprescindibles para alcanzar sus logrerías. Y lo hacen. Aparentemente esto no sucede, pero ¡vaya si sucede!

Por lo tanto, amigo lector, no creas en absoluto que en cualquier conflicto este bando es el bueno y el otro el malo. Es un pacto entre demonios, a menudo producido para conseguir un ternario (el objetivo) que la acción te impide ver. Y muchos no ven, por ejemplo, que en el conflicto de Ucrania los que mueren son hombres, mujeres y niños que nada tienen que ver con esto: pueblo; no ven que lo que se ataca con la homosexualidad son los principios cristianos, y lo que consiguen es la inversión de valores; que lo que se ataca con el aborto y la eutanasia es la vida, y lo que consiguen es cosificar lo sagrado de la vida; o que las pandemias producen muerte en ciertos segmentos —caros— de la sociedad, a la vez que cosifican la muerte de los demás.

El mejor truco del diablo fue hacernos creer que no existe, decía Baudelaire; pero no es su único truco. Sabe revestir de hermosas palabras los más hórridos crímenes, y vestir de luz a las tinieblas. «Y no es de maravillarse, porque Satanás mismo se disfraza como ángel de luz», se dice en Corintios 11:14.

En definitiva: estamos luchando contra la inteligencia más privilegiada después de la divina. «Porque no luchamos contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.» Efesios 6:12.

Los gobernantes, los dirigentes, son sus servidores. Satán es el príncipe de este mundo, y nadie puede alcanzar ninguna clase de poder, si no es con su consentimiento. Consentimiento que solamente le da a quien le adora.

Ya he mencionado en otros artículos que el libreto de la vida lo escribió Dios antes de que comenzaran los tiempos, desde lo más relevante a lo más insignificante. Nada sucede sin que Él lo hubiera determinado de este modo, incluido los actos e intervenciones del propio Satán. Cualquier creyente en los credos abrahámicos sabe esto. Todo lo demás que caiga fuera de este contexto, es ignorancia o desconocimiento. Hasta el número de nuestros cabellos está contado.

Por lo tanto, no te preocupes de lo que suceda donde quiera que sea que suceda, porque todo está escrito ya y nada ni nadie puede cambiarlo. Tan solo afirma el timón y mantén el rumbo: lo que nos valora es cómo enfrentamos los sucesos que nos toca vivir y qué tan fielmente lo hacemos a los verdaderos principios.

Te recomiendo que leas mi obra La manzana, te resultará clarificadora.

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