Cortinas de sangre

Copywrit




Tal y como anuncié con mis videos en las Redes durante la falsa pandemia del COVID, el Sistema ha tapado el genocidio perpetrado durante esta con una cortina de sangre: una cruenta guerra que todo hace pensar que estaba pactada, al menos por el Sistema que gobierna desde las tinieblas EEUU y la OTAN. En este sentido, se han filtrado mensajes de Nathaniel Rotthschild en los que se exige una guerra para debilitar a Rusia con sanciones tales que la devuelvan a la Edad de Piedra o, de otro modo, todo el plan que están llevando a cabo colapsaría.

La pandemia no ha podido ser más mortífera. En números redondos, han sido 6 millones de víctimas las del COVID (que como todos ya saben a estas alturas, es un anagrama que invertido forma la palabra DIVOC, la cual en hebrero significa «poseído por un demonio»); pero lo peor es que casi el 70% de la población occidental se ha inyectado una o varias dosis de vacunas que contienen, entre otras lindezas, luciferina, luciferasa y multitud de microcircuitos de grafeno que convierten a las víctimas en organismos electrónicos que pueden ser manipulados emocionalmente a distancia mediante las redes 5G, independientemente del veneno que representa en sí mismo el conjunto de estas sustancias y la alteración del ADN natural por el ADN mensajero que contienen esas vacunas, convirtiendo de este modo a los humanos en productos transgénicos.

No se trata aquí de que el número de muertes sea especialmente significativo (muere casi un número mayor de personas por causa de la gripe común estacional), sino que en realidad se ha tratado de una operación de lavado de cerebro masivo, en el que los medios de difusión han actuado de una manera orquestada por el Sistema para lograr el objetivo predefinido: la vacunación de ese 70% de la población.

Sin embargo, no ha sido un recorrido fácil para el Sistema. Por el camino han dejado a cientos de miles, tal vez millones de ancianos (objetivo de este genocidio) que han fallecido nadie sabe cómo ni de qué, abandonados en los hospitales, muchos dicen que eutanasiados, sin la presencia de sus parientes, sin autopsias que corroboraran las causas de los fallecimientos y que sin sus propios parientes pudieran acceder a los restos mortales de las víctimas. Un genocidio en toda regla que, gracias a esta guerra que han desatado en el este de Europa, será olvidado por las masas y los criminales quedarán impunes.

La guerra de Ucrania con Ucrania comenzó hace 12 años. Hace 8, dos provincias díscolas ruso-hablantes se separaron del Estado, hartas de que las bandas neonazis que conforman el grueso de la política del Estado ucraniano asesinaran a sus habitantes. Impunemente, ha habido durante ocho años una caza al ruso primada por el mismo Estado.

El panorama no podía ser sino el ideal para que el Sistema provocara esta guerra (quién sabe si con la anuencia o no de Putin), bastando para ello que el presidente ucraniano Zelensky (un cómico popular pero sin talento, un friki que nada sabe ni entiende de dirigir un Estado), influido y manejado por EEUU y la OTAN, solicitara entrar en la Alianza e incorporarse a la UE, acercando el belicismo de la OTAN a las fronteras rusas y sitiando de este modo a Rusia.

Como era natural, la paciencia del oso ruso se colmó y dijo «¡Basta!»

Desde 1991 la OTAN se comprometió a no extenderse al este; pero lo hizo. No en vano el juego de la OTAN simpre ha sido el de la sangre, y tanto más guiado por EEUU pero, sobre todo, por el poder en la sombra (las 20 familias que controlan el mundo). Ellos son los responsables de la Operación Gladio que asoló Europa desde los años 60 hasta hoy, tal y como denunció Jullio Andreotti en la UE y la cual nunca se investigó aunque se dijo que se haría, y los que siempre han mentido a Rusia, tratándolos como si fueran estúpidos.

Un juego peligroso el del Sistema, que, sin embargo, no le ha impedido asolar países por todo el mundo con su belicismo, desde extremo Oriente a Oriente Medio y Latinoamérica, a esta última con la famosa Operación Cóndor, hoy todavía impune. El número de víctimas, más allá de reducir a escombros numerosos países y lanzarlos a la Edad Media, como es el caso de Afganistán, Irak, Irán, Vietnam, Corea, Panamá, etcétera, se puede contabilizar por millones, en muchísimos casos torturados impunemente. Incluso su principal valedor, EEUU, es el único país del mundo que ha usado armas nucleares de forma criminal contra poblaciones civiles.

De hecho, EEUU ha tenido en sus 246 años de existencia 201 conflictos armados extremadamente sangrientos. No hay un país del planeta que no haya tenido una guerra con este monstruo surgido del Abismo.

Conviene tener esto claro para poder situar a EEUU y a su OTAN (sus pistoleros) y comprender bien cualquier situación respecto de cuanto hoy sucede.

En el caso de Ucrania-Rusia, bastaba para la paz conque Ucrania dijera que no iba a entrar en la OTAN. La paz hubiera sido posible y aquí no habría sucedido nada.

Pero no lo hizo.

No podía hacerlo.

El cómico que tienen de presidente en Ucrania es un juguete del Sistema, del poder oscuro, y su misión era desatar una guerra, y cuanto más larga y cruenta, mejor. De este modo se tendría no solo la excusa perfecta para doblegar al oso ruso con sanciones económicas que destruirían su economía y un desgaste militar que le vendría de perlas a la OTAN, sino que además les facilitaría desplegar una campaña de lavado de cerebros masiva para condicionar a los estúpidos de Occidente que ya comprobaron en la pandemia que son más que susceptibles y manejables por la propaganda de sus medios.

Rusia, por su parte, no podía seguir cediendo terreno. Ya el Sistema agitaba el avispero de los disidentes internos, así en lo político como usando a las socorridas ONGs o a esos grupos de lucha de géneros o de instigadores a la corrupción.

Por otra parte, Ucrania había comenzado a fabricar armas nucleares y en su territorio se encuentran 27 laboratorios de desarrollo biológico para la guerra, y todo esto representaba un peligro extremo para la propia supervivencia de Rusia, además de la tragedia y el genocidio que se estaba produciendo con los ruso-hablantes de Ucrania.

Era el callejón sin salida que quería la OTAN y el Sistema, y Rusia no tuvo más opción que caer en la trampa e invadir ucrania.

Naturalmente, los ciudadanos de a pie ucranianos no están al tanto de estos hechos ni de las realidades de sus propios gobiernos. Ellos, como todos los ciudadanos ordinarios del mundo, bastante tienen con su trabajo y su supervivencia; pero, alentados e inflamados por la propaganda falsa del Sistema y resucitado el patriotismo de Eneas en forma de soflama propagandista veinticuatro horas al día y siete días a la semana, cayeron víctimas de una guerra tan sangrienta y destructiva como innecesaria. Morir por la patria, se convirtió así en un ideal.

Dos pueblos que no se odian, una vez más, se enfrentan a muerte con sadismo a causa de la intriga, la conspiración y los intereses espurios de un Sistema que desprecia al ser humano, a todos los seres humanos.

La guerra, en fin, ha estallado.

Las sanciones planeadas, en consecuencia, no se han hecho esperar, y han acorralado a Rusia. Rusia, con ello, ya no tiene marcha atrás, aunque el paso siguiente sea una guerra nuclear. O muere mansamente por rendición, o lo hace matando como el oso que es, y, en un alarido de supervivencia, ha puesto en juego su poderío nuclear, la única baza que puede salvarle de su destrucción total y definitiva.

Ni el Sistema, ni EEUU ni la OTAN van a ceder.

Con toda la calma del mundo, estos tres autores de la tragedia se han hecho con un buen surtido de palomitas y han tomado asiento para presenciar el espectáculo mientras han puesto en pie de guerra a sus medios de propaganda (pagados, todas las televisiones, radios y prensa de Occidente, además de prohibir en su territorio a los medios que puedan dar un mensaje distinto al oficial), y han favorecido que todas las naciones del mundo no solo envíen masivamente armamento a Ucrania para que continúe el mayor tiempo posible la matanza, sino que han desatado a todos los demonios de la propaganda para que las poblaciones sucumban a su lavado de cerebro, tal y como sucedió con el COVID (ya saben, DIVOC, poseído por un demonio).

La actual campaña de propaganda no se diferencia en absoluto de la del COVID que durante dos años machacó las meninges ciudadanas. De hecho, la histeria antirrusa está alcanzando el paroxismo:

• Han expulsado a Rusia de todas las competiciones deportivas del mundo.

• Han prohibido importaciones y exportaciones a o de Rusia.

• Han prohibido que las aeronaves o barcos rusos sobrevuelen espacio occidental o que atraquen en puertos occidentales.

• Han bloqueado sus capitales (los han robado, vaya).

• Han bloqueado a Rusia del sistema Swift.

• Han prohibido concursar a animales criados en Rusia en certámenes de este tipo.

• Han prohibido talleres o conferencias sobre autores rusos, aunque estén fallecidos, como es el caso de Dostoviesky.

• Han prohibido los vodkas rusos.

• Han prohibido el concurso de árboles plantados por rusos en certámenes de este tipo.

• Y mil gilipolleces más por el estilo, alcanzándose límites próximos a la ridícula locura

Rusia y Ucrania van a desangrarse en una guerra innecesaria para satisfacción del Sistema y el Orden Negro que lo maneja. Los ciudadanos, estupidizados por la propaganda, se echarán culpas recíprocamente de los daños sufridos, mientras esas criaturas oscuras continúan en sus sofás devorando palomitas.

Pero la propaganda funciona. La verdad, como en todas las guerras, ha sido la primera víctima, y nada de lo que se dice en la prensa, las televisiones o las radios es verdad. Prima el pensamiento único de los devoradores de palomitas, que para eso los pagan. Quien disienta es un enemigo del Estado, de Occidente y, como dijo el pusilánime Borrel en la UE: «Nos acordaremos de todos aquellos que no estén de nuestro lado en este momento solemne.»

Y el que avisa no es traidor.

Una propaganda en que lo mismo valen videojuegos que imágenes de todas las guerras pretéritas que ha habido en el planeta. Como con el COVID, nada de lo que emanan esos centros de propaganda, es verdad. Pero no solo ha muerto la verdad: con ella ha desaparecido la libertad, así de expresión como de manifestación. RIP a ambas.

Así está la cosa.

La cuestión ahora es si el Sistema va a empujar a Rusia a una “guerra nuclear limitada al teatro europeo”, tal y como proclama el ideario de la OTAN, nombrando con ese eufemismo el convertir a Europa en fosfatina nuclear.

Puede ser que sí.

Es muy probable que lo hagan.

Para facilitarles la labor, incluso el presidente español (que si el de Ucrania es un cómico aquí tenemos un payaso), no solo se ofrece para que el Mando Sur de la OTAN, ubicado en Torrejón de Ardoz, Madrid, que es desde donde se controlan todos los satélites de la OTAN, ofrezca a las milicias ucranianas toda la información militar que estos procuren para alargar la guerra sine die, sino que, además, va y lo casca, convirtiendo así a Torrejón, y por extensión a toda la zona centro de España, incluido Madrid, en objetivo nuclear de primer orden.

Toda una fiesta, vaya.

El fin último de esto, tal y como dije, es la destrucción de Rusia para que el orden negro se apodere de Europa y envíe un mensaje destructor a China. Que mueran cientos de miles de o millones de personas no tiene la menor importancia para los de las palomitas: lo que no consiguieron con el COVID lo van a lograr con la guerra, pero se van a salir impunemente con la suya.

Como digo en una de mis novelas, “La manzana”, «nunca serás el dueño del juego si antes no compras las deudas de los jugadores.» Pues bien, los de las palomitas, son los dueños del juego.

Isabel Ayende dice en una de sus obras que «la vida no es más que ruido entre dos insondables silencios»; por tu bien, que tu ruido no sea aplaudir genocidios como los que se están cometiendo. Rebélate.

Comparte el artículo en tu Red Social
Solo tienes que pulsar sobre el botón

         

Envía tu comentario

©  Reservados todos los derechos. 
, Aviso legal, Términos de Venta, Política de Privacidad y Protección de Datos, Política de Cookies