El goteo de la miseria

© Ángel Ruiz Cediel - 22 de abril de 2022




Todos los focos en la pandemia: confinamientos ilegales, decenas de miles de muertes no esclarecidas, información tergiversada, censura anticonstitucional a la discrepancia y todos los aparatos de propaganda —televisiones, radios, prensa— entregados a una orgía obligatoria y sin contestación de lavados de cerebro de las ciudadanías, con el fin de polarizarlas emocionalmente contra la disidencia oficial y convertir en verdad, por repetición constante, las reiteradas falsedades que proclaman.

Todos los focos en la energía: subidas tan irracionales como injustificadas de hasta el 1633% de los precios de la electricidad (de 40 € en 2020 a 700 €/kw en marzo de 2022), problemas con los suministros, problemas con los combustibles, problemas con el gas y todos los aparatos de propaganda —televisiones, radios, prensa— entregados a una orgía obligatoria y sin contestación de lavados de cerebros de las ciudadanías, con el fin de justificar lo que de ninguna de las maneras se puede justificar y mucho menos entender.

Todos los focos en la guerra de Rusia y Ucrania: implantación del Pensamiento Único, proscripción de cualquier información contraria a la oficial, censura en las redes, información tergiversada, legislación para convertir en delictiva cualquier disidencia y todos los aparatos de propaganda —televisiones, radio, prensa— entregados a una orgía obligatoria y sin contestación de lavados de cerebros de las ciudadanías, con el fin de polarizarlas emocionalmente según intereses espurios, usando imágenes de las víctimas para sobredimensionar la tragedia.

Durante casi tres años el mundo se ha detenido ante las televisiones y el ululato permanente de alarmas de los altoparlantes sociales: pandemia, encarecimiento, inflación, guerra…

Da la impresión de que, o están sonando las trompetas del Juicio Final, o alguien está jugando con la realidad para conducirnos a no se sabe qué clase de siniestro paraíso. Tal vez Agenda 2030.

La posibilidad estadística de concatenar una sucesión de hechos luctuosos como los descritos en ese periodo, desde luego es inédito en la Historia. Incluso en la protohistoria. No hay noticias de algo parecido, razón por la cual se debe descartar la causalidad como causante de estos eventos sucesivos. La razón, obviamente, ha de ser otra, especialmente teniendo en cuenta que los rumores sociales sobre nuevas pestes, nuevas guerras y nuevos encarecimientos e inflaciones que harán cada vez más difícil la supervivencia, no cesan de correr con sus alaridos alarmistas.

La Agenda 2030 tiene muchas papeletas de encontrarse en el epicentro de todo esto. Propone un mundo nuevo, un nuevo orden, un transhumanismo en el que no será necesaria la libertad ni la propiedad privada. Un social-comunismo de nuevo cuño en el que «no tendrás nada, pero serás feliz». Aldous Huxley y su Un mundo feliz, vaya.

En cierta forma, lo están consiguiendo. Más allá de que sea verdad o no que quienes promueven la Agenda 2030 han puesto al frente de las naciones —todas las de Occidente— a sus devotos más obedientes, podemos constatar que la práctica totalidad de Latinoamérica está bajo el dominio de estas criaturas, todas ellas con exactamente el mismo discurso y todas ellas con las mismas jaculatorias en sus apariciones públicas: «Es imprescindible la implantación de un Gobierno Mundial», «Las personas viven demasiado», etcétera, además de ser visceralmente partidarios de la multiplicidad sexual (se podría decir que excepto de la heterosexualidad), del aborto y de la eutanasia, o, dicho con otras palabras, de la cultura de la muerte.

Pero no solo en Latinoamérica: la UE es una réplica de eso, lo mismo que Australia, Japón, Corea, Canadá o Estados Unidos.

De hecho, podríamos afirmar que la mayor parte del mundo es un fiel devoto de la Agenda 2030.

Rusia y China no queda muy claro por ahora, aunque hay argumentos para lo uno y para lo otro.

La pregunta —inevitable, por otra parte—, es si todos estos sucesos son en realidad una forma de ingeniería social que conduzca al logro de ese objetivo que es la implantación de la satánica Agenda 2030. La respuesta, analizando los datos disponibles, es: es muy factible que sí. ¿Hasta ese grado de crueldad? Hasta ese grado de crueldad, sí.

Nadie se asombrará si lee que, según los datos del ministerio correspondiente, más de 68000 pequeñas empresas han quebrado en España como consecuencia de estas crisis, que más de 220000 están severamente amenazadas de quiebra y que el 40% del tejido empresarial está tan tocado que es posible que no sobreviva financieramente a un nuevo embate, por pequeño que este sea, o, lo que es lo mismo, que quiebre también.

Es obvio que las pequeñas empresas no pueden soportar esta presión de mercados cerrados y que quiebren, como es obvio que las medianas empresas lo soportarán mal o también acabarán sucumbiendo. Lo superobvio es que las grandes empresas y multinacionales no se verán tan afectadas, e incluso que recogerán los beneficios que supondrá para ellas que los consumidores de las pequeñas y medianas empresas pasen a ser clientes de las grandes.

La tienda del barrio quebrará porque no puede sobrevivir sin vender, pero crecerá El Corte Inglés o Carrefour. ¿Se entiende?

Tanto la pandemia como la crisis energética o la guerra de Ucrania han llenado de miseria a las sociedades (proyecte los datos de España al mundo y verá qué risa), y a la vez de riqueza a las grandes empresas y multinacionales, de modo que el ciudadano está mucho más en las manos de cada vez menos empresas. Y con cada nueva crisis, en menos empresas, hasta que todo sea propiedad y control de un pequeñísimo círculo de poderosos.

Llegados a ese punto, nadie tendrá nada, tal y como reza el eslogan de la Agenda 2030, y tendrán que ser mantenidos. Naturalmente, es lógico pensar que esos poderosos desearán que los sufragados sean los menos posibles, y para eso hay que reducir la superpoblación a una cifra más o menos manejable. ¿Las técnicas para lograrlo? Muchas y variadas: por ejemplo, los homosexuales no se reproducen, los abortos eliminan pirámides población venideras y la eutanasia a enfermos y a ancianos abre huecos físicos para mayor comodidad del resto, pandemias, pobreza, hambrunas y guerras aparte.

Si consideramos que los sucesos habidos en los tres últimos años —pandemia, encarecimiento de la energía y guerra— ha propiciado que el 40% de la población mundial ya esté emparentando con la miseria, y si a eso le añadimos que al menos el 50% trabaja en empresas estatales (funcionarios) o paraestatales (pseudo funcionarios), nos queda el 10% de la elite que, taz a taz, se corresponde con quienes van a controlar y ejecutar la Agenda 2030.

Sin embargo, aún, como decía antes, somos muchos. El número deberá reducirse de una forma drástica antes de 2030, porque no es de creerse que ese diez por ciento quiera mantener ocioso y tomando el sol al 90% de la población actual mundial. Muy por el contrario, al menos según rezan las Piedras de Georgia que son sus tablas de la ley, algo más irá sucediendo de aquí en adelante para que el número de habitantes del planeta mengüe, no se sabe si por las bravas o por las otras.

En fin, que si cada evento trágico como los descritos nos acerca más a la pobreza, cada día que pasamos lejos de una normalidad que dudo mucho regrese, es un goteo de miseria que ahoga progresivamente a más y más población en todo el mundo.

Y da mucha tristeza, pero, guerras mundiales venideras aparte, desde los más altos estamentos de las organizaciones internacionales nos hacen sonar las alarmas de nuevas pandemias… y de una hambruna generalizada como consecuencia de la guerra de Ucrania.

Vamos, que esto se está poniendo como para hincar rodilla en tierra y ponerse a rezar a destajo para mitigar estas alegrías que parece ser nos depara el futuro… que nos están construyendo.

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