La gran misa negra

© Ángel Ruiz Cediel - 22 de abril de 2022




Resulta difícil de explicar y es casi imposible de comprender, si es que se contempla cuanto sucede con ojos de hombre. ¿Cómo es posible que uno de los ejércitos más poderosos de mundo sea detenido por el minúsculo ejército de un país de tercer orden? ¿Cómo es posible que uno de los ejércitos más poderosos del mundo consienta que multitud de naciones armen a su supuesto enemigo para que exterminen a sus tropas, sin intentar siquiera cortar las líneas de intendencia y suministro? ¿Cómo es posible que un ejército en guerra provea a sus adversarios y enemigos de energía para que le combatan, mientras esos adversarios y enemigos expropian sus haberes en todo el mundo y le bloquean?

Que nadie se equivoque: detesto la violencia en cualquiera de sus formas, física, intelectual, emocional y de cualquier otro tipo; pero quiero comprender, y en este asunto algo apesta. Da la impresión de que, más que un conflicto armado, estamos ante una puesta en escena de una operación de mayor calado que se celebra lejos de los campos de batalla en los que son sacrificados los inocentes, para desviar la atención de las masas de Occidente y polarizarlas en la dirección que les interesa a los manipuladores.

En realidad, lo que se está ejecutando es toda una misa negra: con su oficiante o su sacerdote de la muerte; con sus fieles hipnotizados por la liturgia de la muerte y la propaganda del pensamiento único promovido por la Iglesia de la Muerte del Nuevo Orden; y con sus víctimas sacrificiales, que son los inocentes, para mayor gloria del dios negro al que se realiza la ofrenda.

A Rusia la obligaron a la guerra. Dicho en palabras bíblicas: «He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas» (Ezequiel 38: 3-4).

Rusia no tenía opción: la guerra o su extinción.

Los detalles, los desconocemos en un orden sin libertad. Solamente hay información de parte, que es decir propaganda, la otra guerra de la información manipulada. Sabemos, sí, que los invasores no deseaban una guerra brutal, sino que creyeron que bastaría con un golpe de mano para que ese pueblo al que invadían comprendiera que no podía hacerle frente, y que así podría asegurar su neutralidad, solamente movidos por su imponente presencia militar.

Sin embargo, las naciones de Occidente impusieron el conflicto y proporcionaron las armas y la información necesaria para que esa operación derivara en un conflicto sangriento y cruel que atrajera la atención de Occidente, mientras los poderes negros continuaban la estrategia que está transformando al mundo en un siniestro lugar de oscuridad. Las emociones y la rabia suscitada por las imágenes de las víctimas, serían el arma más eficaz para aglutinar con vehemencia las voluntades de las masas entorno a su liturgia de la muerte, presentándose como defensores de la libertad.

El mal siempre se reviste de pomposos epítetos de loable grandeza para poder seducir a las masas y triunfar.

Pero la estrategia del mal no es solamente esta guerra que de ninguna manera Ucrania puede ganar o dejar en tablas tan siquiera: la estrategia del mal es la guerra mundial. Tal vez no ahora, sino dentro de unos meses; pero ya no hay marcha atrás.

El tiempo se ha agotado.

Putin (Gog) es culpable.

Rusia (Magog) es culpable.

Entró forzada (arrastrada por los garfios que tenía hendidos en las quijadas) en una trampa de que la ya no puede escapar, y lo sabe. La ira, la rabia y el odio hará lo demás. Lo que comenzó pretendiendo ser un golpe de mano terminará en un holocausto colectivo. Pronto comprenderá que ya no tiene espacio entre las naciones y, en su desesperación, irá a buscar el siniestro destino al que ha sido convocado.

La ira, la rabia y el odio hará lo demás.

El trabajo sucio.

Momentáneamente puede ser que se agote el conflicto. Será el momento de enterrar los cadáveres y de los tedeums. Tal vez el mundo se dé golpes de pecho y trate de comprender lo imposible; pero solo será una tregua. La curia negra que desea el conflicto mundial continúa ejecutando su liturgia de muerte.

La guerra Rusia-Ucrania ha sido nada más que el ofertorio, pero queda la comunión.

Los príncipes de la tierra, al servicio de curia negra, han acudido uno tras otro a Kiev a rendir pleitesía al sacerdote que ha dirigido el sacrificio. Han ido a tomar devotamente la hostia de sangre que les correspondía como monaguillos, la comunión de los malvados que armaron y arman a la parte que ha puesto las víctimas sacrificiales.

En las misas negras las víctimas siempre son los inocentes, nunca los oficiantes.

Pero la bestia, Gog de Magog, ya sabe que no tiene lugar en el mundo. Mira con recelo a Occidente y no ignora que más pronto que tarde querrán destruirle o arrastrale al conflicto al que se niega: tiene que ser listo para sobrevivir y elegir el campo de batalla; debe adelantarse, esperar a que se tranquilicen sus enemigos y se confíen, porque viven en ciudades sin murallas y habitan casas sin cerrojos. También la curia negra sabe qué siniestros planes urde Gog. Tal vez, la curia negra y Gog militen en el mismo bando, aunque parezcan enfrentados; tal vez, no.

Al fin y al cabo, en las misas negras solo mueren los inocentes, nunca los oficiantes.

Velad: mantened nutridas de aceite vuestras lámparas porque la oscuridad se acerca a pasos agigantados, y manteneos despiertos: el tiempo se ha agotado.

Como un relámpago, llegada la hora, Gog y sus aliados se lanzarán contra Occidente con toda su ferocidad. Será un conflicto a vida o muerte, o a muerte o muerte. La misa negra alcanzará su clímax: el horror será indescriptible.

El Dragón Rojo, entonces, aparecerá en medio de la batalla en el cielo y, entre terremotos y horrores naturales, detendrá momentáneamente el conflicto. El gran pacificador, en ese momento, se entronizará como el nuevo líder, el amado líder, el nuevo mesías, el nuevo orden.

Ite misa est. La misa negra parecerá haber concluido; pero estará todavía muy lejos de hacerlo. Tan solo se habrá consagrado el mundo al dios negro en la ceremonia; pero, a partir de ahí, los fieles deberán vivirla en sus días y adorar a ese dios negro o sucumbir en su rechazo.

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