¿Negocio, ingeniería social o salud?

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Por favor, corregidme si estoy equivocado.

La llamada vacuna contra el COVID no es una vacuna.

La llamada vacuna contra el COVID no inmuniza.

La llamada vacuna contra el COVID no evita que te contagies de COVID, solo disminuye el riesgo y puede ser —no es seguro— que atenúe los síntomas.

La llamada vacuna contra el COVID no evita que contagies a otros.

¿Por qué se ha de tener temor de que alguien no esté inyectado si esa supuesta vacuna inmuniza? Nadie teme a la viruela o a la tos ferina porque está realmente inmunizado (vacunado).

¿Cuál es el fin, entonces, de una vacuna que no es vacuna ni inmuniza?

¿Cómo la han podido conseguir en tan poco tiempo desde que se declaró la pandemia cuando la ciencia ha sido incapaz de desarrollar una vacuna contra la caries (mucho más sencilla porque se trataría de inmunizar al organismo contra una bacteria, millones de veces más grande y simple que un virus?

La llamada vacuna contra el COVID pierde la mayor parte de su eficacia —si la tiene— a los dos o tres meses de su inyección.

La llamada vacuna contra el COVID necesitará nuevas dosis para mantener su mínima eficacia, de tal modo que será necesaria una dosis más o menos cada 6 meses. Así lo afirmó el propio presidente norteamericano en un mensaje a la nación apenas llegó a la Casa Blanca.

No sabemos cuántas personas han muerto de COVID. Al principio de la pandemia no se hacían autopsias, sino que todas o la mayor parte de las defunciones se le sumaban al COVID.

No sabemos cuántas personas han muerto por otras causas con COVID. El COVID puede haber sido nada más que un agravante.

No sabemos qué efectos secundarios a corto, medio y largo plazo tienen las llamadas vacunas del COVID porque no se han hecho los ensayos suficientes.

En los excipientes de las vacunas se ha encontrado hidróxido de grafeno en series de hasta 500 moléculas de largo y ancho por una molécula de espesor. Una cuchilla de apenas unos nanómetros que, en el caso de entrar en el riesgo sanguíneo, corta los vasos produciendo hemorragias internas.

No sabemos qué efectos pueden producir esas cuchillas cuando quedan enquistadas en las células musculares.

El precio medio de una vacuna es de 20 euros. Son necesarias 3 dosis para que tengan, supuestamente, alguna eficacia, pero será con toda seguridad precisa una dosis adicional cada 6 meses.

Las tres primeras vacunas tienen un costo de 60 euros de media.

Se pretende poner esas tres dosis a toda la población.

En el caso de España, con 48 millones de habitantes, supone una inversión directa solamente en los inyectables de 2880 millones de euros, infraestructura sanitaria (profesionales, organización, espacios, publicidad, etcétera) aparte.

En el caso de Europa, con 746 millones de habitantes, el costo directo en inyectables es de 44760 millones, costos de infraestructura aparte.

Cada nueva dosis tendrá un costo adicional de 960 millones en España y de 14320 millones en Europa, costos de infraestructura aparte.

Se quiere vacunar a todo el mundo, ya se debate que incluso por la fuerza.

En el mundo hay 7800 millones de personas. Las tres primeras dosis, tendrán un costo de 468000 millones de euros, gastos de infraestructura aparte, y cada nueva dosis tendrá un costo de 156000 millones de euros adicionales, costos de infraestructura aparte.

2,7 millones de niños mueren cada año por hambre. Invirtiendo en paliarla los 20 euros de la vacuna, no moriría ninguno de ellos. Con los 60 euros de las tres primeras dosis, no moriría nadie en el mundo de hambre, y son alrededor de 9 millones de seres humanos al año los que lo hacen por hambre.

A día de hoy, y con las prevenciones reflejadas en los primeros párrafos de este artículo, han muerto de COVID en el mundo, según datos oficiales, 5,4 millones de personas en dos años, o lo que es lo mismo, 2,7 millones de personas al año (las mismas que de niños fallecidos por hambre). En ese mismo plazo de dos años, al menos han muerto 18 millones de seres humanos de hambre, con un sufrimiento horrible.

La muerte de 2,7 millones de personas por COVID ha generado o va a generar un gasto directo de 468000 millones de euros, gastos de infraestructura aparte, pudiéndose valoras estos en la mitad de ese valor; es decir, un total de casi 700000 millones de euros.

Alimentar a todo el mundo y proveerlos de medina básica, tendría un costo de mucho menos de la décima parte de ese costo.

No parece ser la cantidad de muertes que se producen en el planeta lo que causa el problema.

Esos 468000 millones de euros de las tres primeras dosis de las llamadas vacunas del COVID se los embolsan media docena de farmacéuticas, alentadas por pánico social que han impulsado la OMS, los gobiernos, los partidos políticos y los medios de difusión.

Por el amor de Dios, ¿qué sucede? ¿Es justo? ¿Se teme tanto a la muerte que jamás se hizo nada por los cientos de millones de personas que viven en la pobreza, que languidecen y mueren de hambre o de enfermedades insignificantes y se dilapida ese capital en curar un pánico que no soluciona el problema porque la vacuna ni es vacuna ni inmuniza?

¿Realmente hay una pandemia, es un negocio o es acaso ingeniería social con fines que desconocemos?

¿Por qué hay en las llamadas vacunas del COVID hidróxido de grafeno? ¿Qué tiene que ver este mineral con la mal llamada vacuna?

¿Qué efecto tiene en el genoma el ARNm (Ácido desoxirribonucleico mensajero)?

El hidróxido de grafeno no se puede detectar en un análisis normal de sangre porque estos se hacen con placas de Petri y se usan microscopios; pero sí es detectable con espectrografía, tal y con lo que ha sido detectado. ¿Cuántas muertes ha producido el grafeno y no el COVID?

¿Por qué este interés en que todos nos pongamos esa inyección letal?

Se me ocurren al menos 468000 millones de razones. No sé a vosotros.

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